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Volver a sentar la cabeza

septiembre 6, 2018 4 comentarios

empresaA veces, entre el colectivo de directivos se piensa que la empresa está para ganar dinero. Y muchos de ellos centran su actividad profesional en hacer más competitiva su empresa y en que los beneficios sean los mayores posibles. Creo que este es un desenfoque de la actividad empresarial y económica que conduce a nefastas consecuencias.

La actividad empresarial tiene como función, no extraer el dinero de los consumidores sino en satisfacer necesidades de las personas. Por supuesto que para que esta actividad empresarial tenga continuidad y pueda cumplir con esta finalidad la empresa debe ganar dinero, si no acabara desapareciendo. Pero ganar dinero para poder seguir satisfaciendo estas necesidades de las personas.

Cuando se desenfoca esta finalidad y todo se centra en el beneficio económico, ya no importa que haya que despedir a las personas. Ya no importa la seguridad de estas. En este punto la disyuntiva es qué es más barato invertir en seguridad o pagar las correspondientes indemnizaciones debidas a accidentes. La persona accidentada pasa a ser algo secundario.

En aras al beneficio a veces se pierde la cabeza y uno se va animando poco a poco, y esos ánimos colectivos desembocan en crisis económicas con funestas consecuencias en términos de paro, pobreza y cierre de empresas.

Hay que volver a la sensatez y poner la economía al servicio de las personas y no al revés. Es algo que entendí desde los primeros tiempos que empecé a trabajar en el IESE hace ya 31 años. Feliz regreso de vacaciones. El lunes que viene empiezo otra vez las clases.

La calidad ¿Siempre tiene un coste?

calidadSe piensa que las cosas de mayor calidad siempre tienen un coste mayor. Esto es cierto en algunos casos, pero en muchos otros no.

Por ejemplo un coche que tenga más funcionalidades que otro más sencillo lógicamente tendrá un mayor coste y por lo tanto deberá tener un mayor precio. En cambio, un aparato que tenga bien apretados los tornillos será de mayor calidad que uno similar que tenga algún tornillo suelto, y sin embargo el coste de hacerlo de una manera o de otra es el mismo. Una cosa se puede hacer bien o hacer mal con mismo coste y sin embargo la calidad en un caso será muy distinta al del otro.

Este sencillo principio no solo aplica a la fabricación de productos. Cuando un trabajo consiste en un servicio, hacerlo con amabilidad, con una sonrisa e interesándose por el receptor del servicio tiene el mismo coste que hacerlo malcarado y con prisas. Es más, quizá se pueda decir que en este caso hacerlo mal tiene un coste superior debido a que quizá el cliente no vuelva. Lo que siempre tiene un coste es hacer las cosas mal.

Y sobre todo este principio aplica fundamentalmente a nuestro trabajo. Trabajar bien da unos resultados de excelente calidad y el esfuerzo que supone hacer las cosas bien o hacerlas mal muchas veces es el mismo. Hasta el jueves que viene.

Os dejo información de una iniciativa que me parece muy interesante para ayudar a los cristianos de Irak por si alguien quiere participar

Servicio, alegría y toma de decisiones

persona alegre Hay personas con las que se está muy a gusto, generan paz. Piensan en los demás. Intentan no ser problemáticos. Te ayudan cuando perciben que tienes una dificultad. Conciben su vida como un servicio. Son personas que se alegran del bien ajeno. Piensan en los demás. No son egoístas.

Una consecuencia que tiene esta actitud, y que he observado en este tipo de personas es que son alegres. Que siempre ven el lado positivo de las cosas. No son agoreros. Y lo más importante, se les ve felices. Quizá este sea el secreto de la felicidad.

Ya lo decía Tagore en uno de sus más conocidos poemas: “Yo dormía y soñé que la vida era alegría. Desperté y vi que la vida era servicio. Serví y comprendí que el servicio era la alegría”.

Esto explica que haya personas con buena posición social y económica, que parece no faltarles nada, pero que no se les ve felices. Su cara no refleja alegría. Les falta dejar de pensar en sus cosas y pensar en los demás. Les sobra egoismo.

Piensa en un día normal de tu vida y busca cinco ocasiones de servir y de facilitar la vida a los demás. Te puede cambiar la vida. Servir y ser alegre es una decisión propia. Hasta el jueves que viene. Felices vacaciones a los que las empecéis estos días. Os dejo un video de una antigua alumna mia que explica lo que ha supuesto para ella su paso por el IESE

Liderazgo

liderazgoSi observáis, nunca en los casi cinco años de funcionamiento de este blog he hablado de liderazgo. Esto para un profesor de una escuela de negocios es algo muy raro. Pero es que bajo el concepto de liderazgo se dicen tantas tonterías que siempre he preferido abstenerme.

Pero hoy voy a hablar de lo que pienso al respecto. No voy a hablar de liderazgo sino de lo que se dice de él. Y lo voy a hacer a partir de ideas que me surgen de mis frecuentes conversaciones con Pablo Maella, y que están escritas en su libro “Gestionar con sencillez“.

De liderazgo se habla mucho porque la gente – los directivos- quieren oír hablar de él. Cada autor, conferenciante o charlatán tiene su propia concepción de lo que es el liderazgo. Siempre que hay demanda de algo se crea una industria alrededor de esta demanda. Del liderazgo viven numerosos conferenciantes y gurús. Del liderazgo se nutren las consultoras y escuelas de negocios. Las víctimas de la industria del liderazgo son los pobres directivos, que con toda su buena intención intentan poner en práctica lo que prescriben los entendidos, muchas veces prácticas contradictorias unas con otras dependiendo del autor que las prescribe.

Yo más que de liderazgo prefiero hablar de servicio (palabra menos de moda). Un directivo debe servir. Debe facilitar el trabajo de los demás. Y esto a cualquier nivel, ya seas el CEO de una empresa o un encargado de la limpieza que entra cada día a las 10 de la noche a realizar sus tareas. El que con su trabajo facilita más el trabajo de los demás, con ese me quedo. Esa persona sirve.

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