Archivo

Posts Tagged ‘Toma de decisiones’

¿Cómo prepararse para una eventual crisis?

crisisDecía la semana pasada que cuando llega una crisis económica, si una empresa no está preparada, ya poco puede hacer más que capearla como buenamente. Las crisis nos tienen que pillar preparados. Y uno se prepara para una eventual crisis cuando las cosas van bien. Ese es el momento para prepararse

¿Qué hay que hacer entonces, cuando las cosas van bien? Cuando las cosas van bien la empresa vende. Los clientes compran. Hay demanda. Se amplia capacidad productiva. Se contrata gente. Se aprovechan las oportunidades que ofrece el boyante entorno económico. Y en esto consiste el error. Si se dimensiona la empresa para esos momentos de bonanza, cuando llegan las dificultades nos pilla sobredimensionados. Nos pilla con fábricas a medio utilizar, con demasiada gente en la empresa. Las facturas nos ahogan y los ingresos no llegan. El futuro de la empresa es incierto.

Lo que hay que hacer en momentos de bonanza es no dimensionarse de modo que cuando llegue la recesión, que siempre llega, no nos pille sobredimensionados. Hay que frenar el crecimiento durante los booms económicos. Sé que esto es muy difícil. Que cuando las cosas van bien, echar el freno es muy difícil. Pero es la única forma de que se puedan capear las dificultades cuando lleguen las desaceleraciones. Las empresas que esto hacen capean muy bien las crisis económicas y salen de ellas fortalecidas.

Consejo para la crisis actual: qué cada uno haga lo que pueda. Si tu empresa no estaba preparada para abordarla, poco margen de maniobra queda. Consejo para cuando venga la recuperación económica: haz caso a lo que digo en este mensaje. Ya en un mensaje de este blog en 2012 daba estos mismos consejos. Hasta el jueves que viene.

Y ahora ¿qué hay que hacer?

economiaEstos últimos meses diversas personas me han planteado la pregunta de cómo abordar en sus empresas la crisis económica actual. La respuesta es muy sencilla. Hágase lo que se pueda. Si nos ponemos a pensar qué hacer cuando tenemos la crisis encima hemos llegado tarde. A las crisis hay que llegar preparados. Cuando esta ya está encima pocos grados de libertad se tienen para capearla.

Si uno nota en su coche un ruido pequeño y no lo lleva al taller a revisar porque no le da importancia, que luego no se queje si el coche lo deja tirado en medio de la carretera. Si uno tiene pequeñas dolencias y por no ser muy fuertes no acude el médico, quizá más adelante se encuentre ante un tumor incurable. Tumor que se podía haber curado si se hubiera pillado a tiempo.

Lo mismo les pasa a las empresas. Aquellas que son dirigidas pensando en la posibilidad de abordar una crisis en algún momento, cuando llega la crisis, que siempre llega, están preparadas para abordarla. Mientras que aquellas que viven muy felices viendo lo bien que le van las cosas, cuando llega la crisis les pilla desprevenidas.

Los directivos tienen que dirigir sus empresas intentando conseguir objetivos. Y esto lo saben hacer muy bien. Pero también tienen que pensar en estar preparados cuando lleguen las desaceleraciones y las crisis. Y eso no lo saben hacer también. Si las dificultades se nos echan encima sin estar preparados, ya poco podemos hacer, más allá de sufrir. De todas maneras, siempre se puede hacer algo.

¿Y cómo prepararse para una crisis? Pues de ello hablaré en un próximo mensaje, aunque ya dije cosas hace unos años en un mensaje sobre gestión de riesgos y en otro sobre cómo abordar las crisis. De momento felices vacaciones, prepararse para las crisis y hasta el jueves que viene.

Hablar y actuar

En algún mensaje de hace años hablé de que las personas nos comunicamos con los hechos y no con nuestras palabras. En función de cómo actuamos, la gente se hará una idea de cómo somos. Una empresa cuyos jefes no paran de decir que las personas son lo más importante en esa organización, pero luego no respetan los horarios laborales y hacen trabajar hasta mucho después de la hora de salida, es una empresa cuyos jefes no tendrán ninguna credibilidad entre su gente.

Nos comunicamos, no con las palabras sino con los hechos. Nuestras palabras son una medida de nuestra hipocresía: la gente verá cómo actuamos, y si lo que decimos es coherente con nuestro modo de actuar, la gente se fiará de nosotros. Pero si nuestro discurso va por un lado y nuestras actuaciones por otro entonces problema.

Malo cuando una persona tiene que aclarar algo. Malo cuando hay que decir que somos honrados. Malo cuando una empresa tiene que decir que cumple con las leyes. Si esas cosas ya las hacemos nuestras actuaciones lo dejarán bien claro y si lo tenemos que aclarar es que nuestras actuaciones son problemáticas. Nos comunicamos con los hechos y no con las palabras. Hasta el jueves que viene. Os dejo un tercer video sobre toma de decisiones en entornos VUCA.

Felicidad y egoismo

Si hay algo común en todas las personas es que todos queremos ser felices y todos buscamos la felicidad. No hay ninguna persona que quiera ser desgraciada. Otra cosa es que discrepemos sobre en qué consiste la felicidad y los modos para alcanzarla. Pero todo el mundo quiere ser feliz.

Cuando tratamos a las personas, vamos conociéndolas poco a poco, y cuanto más las tratamos mejor las conocemos. De una persona que hemos tratado mucho podemos decir si es simpática o antipática, más o menos inteligente. Trabajadora, vaga, caradura, etc. Esto no significa que las juzguemos, pues no somos quien para juzgar a nadie. Pero lo que es cierto que a las personas las vamos conociendo y nos vamos haciendo una imagen de cómo son.

¿A qué vienen estas dos ideas tan poco relacionadas, el interés por alcanzar la felicidad y el conocimiento de las personas? Pues a que el otro día cuando estaba pensando en estas cosas, a mí me gusta pensar en soledad, a la sombra de un árbol en un banco de algún parque, cuando estaba pensando estas cosas, me dí cuenta que las personas que conozco que son más felices son las personas menos egoístas, son personas que están pensando en los demás, el como ayudarles y en cómo facilitarles la vida. Y, por el contrario, las personas más infelices son las que buscan la felicidad pensando continuamente que es lo mejor para ellos. Personas egoístas y que, paradójicamente, cada vez se les ve más desgraciadas. Buscan lo que quieren allí donde no está.

No juzgo a nadie porque no soy quién para hacerlo, pero es una cosa sobre la que reflexionaba el otro día, por si te da que pensar. Hasta el jueves que viene.

¿Qué tipo de persona eres?

Una de las entradas que más visitas recibe este blog es una que publiqué en diciembre de 2012 y titulaba “El arte de vivir amargados”. El contenido de ese mensaje lo he vuelto a percibir durante esta última temporada. Por emails, WhatsApps, videoconferencias, etc. y últimamente viéndonos presencialmente, he tratado con bastantes personas. Y he visto a algunos que han intentado sacar el mejor partido posible del confinamiento. Han hecho lo que han podido y se han adaptado a las circunstancias, conscientes que era lo que les tocaba vivir.

En cambio, otras personas han estado permanentemente amargadas, maldiciendo su desdicha. Enfadadas por las circunstancias en las que se encontraban. Ambos tipos de personas se enfrentaban a las mismas circunstancias: confinamiento y aislamiento. Sin embargo, unas eran dueñas de sus vidas y decidían ellas la actitud que adoptaban e intentaban sacar el mejor partido posible a la situación en que se encontraban. En cambio, otras estaban permanentemente amargadas, desoladas por la situación y culpando al universo de sus múltiples desgracias. Eran las circunstancias las que tomaban posesión de sus vidas.

Todo el mundo se encontraba en la misma situación. Sin embargo, unos la aceptaban y con optimismo intentaban sacar el partido que pudieran de las circunstancias, mientras que otros estaban amargados. Estos últimos no son dueños de sus vidas. No son libres. Son las circunstancias las que determinan su felicidad o desgracia. Las personas libres, las dueñas de sus vidas, dadas las circunstancias en las que se encuentran, sean estas mejores o peores, intentan sacar partido de ellas. Tú decides qué actitud adoptar ante la vida. No seamos cenizos.

Todos somos muy listos

coronavirusLeo una noticia que una familia ha presentado una querella contra Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. Pues le consideran responsable de la muerte de más 27.000 personas en España por el Covid19, por haber “comunicando públicamente una serie de directrices erróneas y contradictorias”. También piden al juez que le retiren el pasaporte y le prohíban salir de España.

Mire demandante, quien ha matado a esas 27.000 personas ha sido un virus, no el señor Fernando Simón. Sabiendo lo que ha pasado, es muy fácil decir qué es lo que había que haber hecho. Pero las medidas hay que tomarlas con la información que se tiene en el momento que se toman, y haciendo las suposiciones razonables que haya que hacer.

Este es un error muy común que cometemos las personas. Juzgar una situación pasada a la luz de acontecimientos conocidos posteriormente. Es muy fácil caer en ese error por nuestra subconsciente tendencia de deformar la realidad pasada. La deformamos porque no es muy difícil librarnos de lo que ya sabemos y ponernos en la situación anterior.

Todos somos muy listos y sabiendo lo que ha pasado todos sabemos lo que habría que haber hecho. Acertar una quiniela cuando ya se han jugado todos los partidos es muy fácil. Aciértela por adelantado a ver si puede. Vamos, que, si yo soy el juez, el palo que le pego a los demandantes por hacer perder el tiempo sería para acordarse en años. Quizá por eso yo no soy juez. Mis condolencias a los familiares de todos los fallecidos estos días. Hasta el próximo jueves.

Priorizar

decidirDecía la semana pasada que toda decisión implicaba una asignación de recursos, y en función de cómo estamos asignando nuestros recursos estaremos decidiendo mejor o peor. Voy a enlazar lo que decía la semana pasada con algo que hay que tener en cuenta para decidir bien. Tomamos decisiones porque queremos alcanzar un objetivo, tenemos distintas alternativas y tenemos recursos limitados.

Por tanto, para decidir bien tendremos que tener claras nuestras prioridades. Asignar unos recursos a una cosa significa no asignarlos a otras. Si empleo mi tiempo y mi dinero en un crucero por el Mediterráneo, no lo puedo estar empleando en un plan de esquí. Por tanto, hay que priorizar.

Para saber priorizar bien, tenemos que tener claros cuáles son nuestros objetivos. En función de cuáles son nuestros objetivos así serán nuestras prioridades y dependiendo de cuales sean nuestras prioridades tomaremos unas decisiones u otras.

Por tanto, para poder decidir bien el primer punto es tener claros nuestros objetivos. Dicho esto, parece que es suficiente con aclararnos con nuestros objetivos. Pues no, pues puede suceder que nuestros objetivos sean algo que nos dañe, que nos perjudique. Si mi objetivo es pasarlo muy bien, o ser muy rico, puede haber modos inmorales de conseguirlos, y en este caso los principales perjudicados seríamos nosotros. Aquí las prioridades juegan un papel esencial. Pasarlo bien puede ser un objetivo muy digno, pero el modo de conseguirlo es lo que puede ser problemático. Hay que saber qué líneas rojas no se pueden saltar.

No sé si me ha salido muy rollo el mensaje de esta semana. Pero se puede resumir en aclárate con tus objetivos. Asegúrate de que tus objetivos valen la pena y no te dañan y eso dependerá de cuáles son tus prioridades. Feliz 2020 y hasta la semana que viene.

Decidir

diciembre 26, 2019 2 comentarios

decidirToda decisión que hace una persona o que se lleva a cabo en una empresa significa realizar una asignación de recursos. Si no se asignan recursos la decisión no se puede llevar a cabo. Los recursos son de muy diversos tipos: financieros si es mi dinero o el dinero de la empresa. El recurso más universal que tenemos es el tiempo. Todos disponemos de 24 horas cada día. Eso sí, no sabemos durante cuántos días. Si nuestro tiempo lo asignamos a una cosa no lo asignamos a otra.

Y una decisión significa asignar recursos porque los recursos que tenemos, ya sea nosotros o la empresa, son limitados. Si nuestros recursos fueran ilimitados podríamos llevar a cabo todas las alternativas que quisiéramos y por tanto no tendríamos que decidir. Pero no, tenemos un tiempo limitado y unos recursos financieros limitados. No podemos estar viendo siete películas en una tarde ni podemos gastar todo el dinero que queramos en lo que queramos.

Los recursos pueden ser tangibles o intangibles. El dinero o el tiempo de que disponemos son recursos tangibles. Nuestra reputación es un recurso intangible. Esta reputación nos puede servir para diversas cosas y en qué emplearla es también una decisión.

Si vemos la toma de decisiones como asignación de recursos podemos preguntarnos cuáles son los recursos de que disponemos, seamos nosotros o nuestra empresa y preguntarnos si lo estamos aplicando del modo más adecuado posible. Este puede ser un modo de juzgar si estamos decidiendo bien. Durante esta semana muchos gozamos de vacaciones y podemos preguntarnos si lo que vamos a hacer es el mejor modo de emplear nuestro tiempo.

Espero que este modo de ver las decisiones os sea útil y os ayude a calibrar si estáis tomando buenas decisiones o no ¿Estoy utilizando bien los recursos de que dispongo? Espero que estéis pasando una feliz navidad. Hasta el jueves que viene.

Un Consejo

diciembre 12, 2019 8 comentarios

decidir bienNo voy a hablar del cambio climático, porque ya ha hablado todo el mundo y no hay mucho más que decir. Además, el tema ya cansa un poco. Voy a hablar de unas reflexiones que he hecho a mis alumnos. La semana pasada terminé el curso básico de Toma de Decisiones en el MBA del IESE. Como cada año, lo he vuelto a pasar muy bien.

Una de las cosas que salieron en una clase fue algo que yo he experimentado siempre, y así lo comenté con los alumnos. Yo siempre que he seguido los consejos de las personas sabias, siempre me ha ido bien, y cuando me he apartado de sus consejos me han salido mal las cosas. Consecuencia, sigue las advertencias de los sabios. Al respecto, uno comentó: seguir los consejos de mi madre. Buena consideración me pareció.

En ese momento les pregunté ¿y quién es la persona más sabia del mundo? Los alumnos, siempre dispuestos al cachondeo en clase, cosa que yo permito con moderación, en clase hay que pasarlo bien, si no, no se aprende nada, empezaron a susurrar, aunque cada vez más fuerte “Ariño, Ariño, Ariño…”. Después de las risas, les apunté que, en mi opinión, la persona más sabia es Jesucristo. Así, si cada vez que tenéis que hacer algo os preguntáis ¿cómo actuaría Jesucristo en una situación como esta? Y actuáis de esa manera, estaréis haciendo las cosas bien. Y para saber cómo actuaría Jesucristo, en los evangelios tenemos suficientes ejemplos de sus actuaciones, para podernos imaginar cómo lo haría en una situación determinada.

Consejo de esta semana: sigue las advertencias de los sabios y en general te equivocarás poco. Seguir los consejos de tu madre es una sabia medida. Esto es lo que yo creo, y así lo expuse a los alumnos. Hoy os dejo la imagen de una de las clases, la semana que viene os pondré la imagen de la otra. Os estoy escribiendo desde Hong Kong, donde estoy dando unas clases como cada año. Hasta el jueves que viene.

La toma de decisiones, cuestión de proceso

decidirTomamos decisiones porque queremos conseguir algún objetivo. Por tanto, mucha gente piensa que si hemos logrado el objetivo la decisión fue correcta y si no lo hemos logrado fue una mala decisión. Nada más erróneo. Si esto fuera así nunca podríamos saber si una decisión nuestra es correcta o no hasta después de haberla tomado. Pero para entonces ya es demasiado tarde. Ya la hemos tomado.

No, una decisión es correcta o no dependiendo si el proceso que hemos seguido para decidir es un proceso adecuado. Y esto sí que se puede saber de antemano, aunque no es mucha la gente que le presta atención a esto.

Por otro lado, no hay ninguna fórmula que nos asegure que el proceso es correcto o no. Hay muchas cosas que pueden hacer descarrilar un proceso de toma de decisiones. Del mismo modo que no hay ninguna fórmula para hacer una operación de corazón. La operación puede fallar por muchos motivos, y hasta el más experimentado cirujano no puede asegurar de antemano que todo va a ir bien.

En el mensaje de esta semana voy a dar una pequeña idea para mejorar nuestras decisiones. Si tomamos una decisión es porque queremos pasar de nuestro estado actual a otro mejor, por lo tanto, hay una brecha o “gap” entre nuestra situación actual y la situación que queremos conseguir.

Tenemos que aclararnos si esta brecha es de falta de falta de capacidades o de falta de oportunidades. Si es que no tenemos las capacidades para conseguir lo que queremos o si lo que pasa es que tenemos las capacidades, pero no tenemos las oportunidades para conseguirlo.

Si lo que nos falta son capacidades, lo que tenemos que hacer es conseguirlas. Entrenarnos, cualificarnos. Si lo que nos faltan son oportunidades para aplicar esas capacidades que no tenemos, lo que hemos de centrarnos es en crear esas oportunidades. Buscar nuevos modos de aplicar nuestras capacidades para conseguir lo que queremos.

Muy genérico es el mensaje de esta semana, pero nos puede ayudar para saber qué es lo que nos falta y aplicarnos a conseguirlo. Cuando confluyen las capacidades con las oportunidades llega el logro de los objetivos. Hasta el jueves que viene. Os dejo un vídeo de una entrevista que me hicieron hace unos días.

A <span>%d</span> blogueros les gusta esto: