¿Qué podemos hacer?

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En el mundo desarrollado hemos experimentado unos altos niveles de bienestar. Tenemos acceso a muchas comodidades y se vive realmente bien. Pero junto a este bienestar, hay dos realidades. Hay países cuya población sobrevive y poco más. Por otra parte, en el mismo occidente desarrollado hay personas que sufren: pobreza, enfermedades, soledad, falta de acceso al tren del desarrollo, etc.

Todo lo anterior debe interpelarnos a todos y preguntarnos ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo puedo contribuir yo a paliar esas dificultades? Y se me ocurren diversas posibilidades. En primer lugar, no hacer sufrir a los demás ni en nuestra familia ni en nuestro entorno de trabajo. Segundo concebir nuestra vida como un servicio y no como el medio de reafirmación personal.

Y por último para no dejarlo en teorías dedicar tiempo a alguien que necesite de nuestra ayuda, de nuestra comprensión, de nuestra conversación, de nuestro tiempo, etc. Los tenemos muy cerca y podemos ser una ayuda. Planteémonoslo. Hasta el jueves que viene.

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Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.

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4 COMENTARIOS

  1. No puedo estar más de acuerdo con tu reflexión. No hay nada como la sensación de haber ayudado a alguien… es algo que no he alcanzado ni en los mejores logros profesionales. Y lo bueno es que para ello se requiere muy poco!!!… pero es ese poco de TIEMPO lo que lo hace «tan complicado». Estoy en el proceso de aprender a dar la prioridad correcta a las actividades y a decir que no a aquellas cosas que me permiten decir sí a las verdaderamente importantes!

  2. Interesante reflexión, que a mi juicio, nos llevaría a que muchos de los paradigmas dominantes que rigen actualmente, pasarían a ser muy secundarios.
    A mi juicio, la teoría precede a todo planteamiento práctico: “Nada más práctico que una buena teoría” según nos decía Kurt Lewin.
    Los “altos niveles de bienestar” que hemos logrado en occidente, lo hemos hecho gracias a nuestra capacidad de pensar. Con esta capacidad hemos vencido, modificado y salvado muchas circunstancias y hemos podido progresar y evolucionar. Nuestra capacidad pensante nos dio una ventaja evolutiva que no les fue dada a los animales. También lo alcanzamos desde el individualismo y desde un pensamiento egocéntrico con tendencia a la “reafirmación personal”, que genera pensamientos centrados en uno mismo que responden al propio interés o fines. El resultado del pensamiento selectivo o egocéntrico es un pensamiento cerrado, inflexible, que impide la aceptación de nuevas ideas o la de creencias más funcionales y adaptativas a la realidad. Somos inconsistentes en nuestro pensar. Si nos referimos a uno de sus componentes, los conocimientos, nos desenvolvemos fundamentalmente a través de un saber ingenuo, el cual es espontaneo, no nos cuesta esfuerzo. El saber analítico, crítico, que exige una determinada actitud, requiere autodisciplina y esfuerzo. El pensamiento crítico sólo puede admitir algo cuando está fundamentado, esto es, exige que se aduzcan los fundamentos o razones de cada afirmación (principio de razón). Esto ya exige esfuerzo.
    En mi modesta opinión, la solución a muchos problemas actuales para por el desarrollo del pensamiento crítico, centrado en los otros, en los demás: las personas, la empresa, la sociedad.
    Como planteamiento práctico podemos empezar por poner todas nuestras alertas en marcha para ser conscientes de cuando estamos funcionando a nivel egocéntrico y tratamos de controlarlo o minimizarlo.
    Un saludo.

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