Archivo

Posts Tagged ‘errores’

Tu verdad no, la verdad

septiembre 18, 2014 28 comentarios

Tu verdadno, la verdadHay bastantes periódicos que en su versión digital lanzan diaria o semanalmente una encuesta para ver qué opinan los lectores. Una pregunta típica sería ¿Va a ganar Barcelona la liga de futbol este año? o ¿Cree que abortar es un derecho de la mujer?, etc. Siempre hay tres posibles respuestas, “Si”, “No” y “No sabe/No contesta”

Ante la pregunta de si el Barça ganaría la liga este año, al cabo de unos meses, cuando la liga se ha acabado, se puede saber quiénes estaban en lo cierto y quiénes en el error. Lo mismo pasa con la pregunta sobre el aborto: abortar es un derecho de la mujer o no lo es, por lo que, tanto en un caso como en otro, unos están en lo cierto y otros en el error, pues no puede suceder que una cosa y su contraria sean ambas verdaderas (esto ya lo dijo Aristóteles).

Distintos son los temas en los que nos organizamos como queremos. Por ejemplo si la pregunta fuera ¿Se debe permitir fumar en los bares si al dueño le parece bien? Tan válida es una posición como la contraria, pues no hay una verdad subyacente que haga que permitir fumar en los bares sea verdadero o sea falso. En este caso nos organizamos como queremos.

Ante los hechos, o se está en la verdad o en el error. Ante las opiniones, puede ser válida cualquier opinión. Antonio Machado decía: “Tu verdad no, la verdad. Y ven conmigo a buscarla, la tuya guárdatela”. Conclusión para esta semana, asegúrate que no te equivocas en hechos que son verdaderos o falsos. Las decisiones que tomes al respecto serán equivocadas si tomas por verdadera una cosa que sea falsa.

Para los que queráis saber mis contestaciones a las dos preguntas anteriores. Afirmo que el Barcelona ganará la liga y sobre el aborto ya me pronuncié hace unos meses. En cualquier caso, siguiendo el consejo de Machado, tenemos que buscar la verdad. Hasta el jueves que viene.

Algo debemos estar haciendo mal

estresCuando terminé la carrera y me incorporé al mercado laboral, a principios de los 80, pude escoger como todos mis compañeros de facultad, el trabajo que más me gustaba entre diversas opciones. La remuneración no era nada del otro mundo, pero era adecuada para una persona que inicia su carrera profesional. Sin ser un puesto fijo, si que tenía bastantes garantías de continuidad y, si trabajabas bien, perspectivas de sucesivas promociones. Después de años de estudios y de formación era lo que uno esperaba.

Resulta que 30 años después, los que terminan sus estudios ahora, si tienen suerte, pueden encontrar un trabajo de becario, sin ninguna garantía de continuidad en muchos casos y con un salario comparativamente inferior al de mi época. Tecnológicamente se ha avanzado mucho. Antes podíamos escoger solo entre ver el primer o el segundo canal de televisión española. No había más posibilidades. Las comunicaciones con colegas del extranjero tardaban en el mejor de los casos una semana. Hablar inglés era cosa de gente muy avanzada.

Ahora estamos hiperconectados y tenemos de todo, pero la vida es mucho más difícil y mucho más competitiva. Menos humana. Algo hemos debido hacer mal. Enfrentarse al futuro ahora es mucho más difícil que antes. Y esto es así independientemente de que las circunstancias económicas ahora sean difíciles. La situación actual no hace sino añadir complejidad.

Es posible que esto haya sido consecuencia de que en los últimos 30 años nos hemos narcotizado un poquito con avances técnicos y materiales y nos hemos olvidado un poquito de vivir. Propongo a nivel individual y colectivo menos acción y más contemplación.

Pedir perdón

Hay directivos que reconocen los errores cuando se equivocan y otros a los que nunca se les pasa por la cabeza que han podido equivocarse. Los primeros son directivos humanizados que inspiran confianza en su gente y los segundos inspiran temor.

El directivo que nunca se equivoca y siempre tiene razón es injusto, pues sus errores siempre los atribuye a los demás. Inspira temor porque al saberse él libre de error no es comprensivo con las equivocaciones de sus subordinados.  Esta actitud con su gente les aboca a la soledad. Su gente le rehuye, pues no quieren ganarse una bronca que con frecuencia es arbitraria e injusta (en la mili se decía “del jefe y del mulo cuanto más lejos más seguro”). Claro que como no conciben una relación de confianza esta soledad la ven como una situación natural y en ningún caso anómala.

El directivo que cuando se equivoca lo reconoce es un directivo cercano. Los demás lo ven más igual a ellos. Genera distensión. Sus subordinados viven con la tranquilidad de saber que pueden equivocarse, porque su jefe les comprenderán. Cuando un jefe pide perdón por algún error concreto gana mucha autoridad entre su gente. Todavía no sé de nadie que haya pedido perdón a otro por algo concreto y no haya sido comprendido y perdonado.

Pedir perdón mejora las relaciones humanas. Esto hay que tenerlo en cuenta tanto en las relaciones profesionales como dentro de la familia. Hasta el jueves que viene que quizá os hable de la evolución de los precios de los pisos en España. He preferido no abordar el tema de Bankia en este blog.

A %d blogueros les gusta esto: