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Quien siembra vientos…

diciembre 18, 2014 13 comentarios

tempestadesQuien siembra vientos cosecha tempestades dice la sabiduría popular. Es muy fácil exigir derechos pero no cumplir con las obligaciones. Hay personas e instituciones que no se cortan a la hora de transgredir los más elementales principios de honestidad cuando se trata de hacer negocios. La pela es la pela y ante la cuenta de resultados todo vale. Sin embargo lanzan un grito al cielo cuando es a ellos a los que se está agrediendo.

Cuando alguien no cumple con sus obligaciones tiene poca autoridad moral para exigir sus derechos. Hace unos pocos años vaticiné que vendrían tiempos difíciles para cierta multinacional. Mi predicción se basaba la falta de honestidad en alguna de sus operaciones. No digo de qué empresa se trata para ser coherente con mi mensaje de la semana pasada. El tiempo me ha dado la razón. Nunca es motivo de alegría que una empresa esté teniendo dificultades. Lo que sí me alegra es comprobar que mis teorías sobre dirección de empresas se ven verificadas por los hechos. El que siembra vientos…

La semana que viene el jueves es navidad, así que adelantaré el post al miércoles. También informaros que el 22 de enero hablaré sobre la toma de decisiones en un webinar transmitido en vivo desde el IESE. Si queréis participar os podéis apuntar en este enlace. Saludos.

No todos tenemos las mismas obligaciones

costa concordiaFaltaría más. Hay quienes, por razón del cargo que ocupan, tienen unas obligaciones que no tienen el resto de las personas. En un naufragio, el capitán del barco tiene la obligación de organizar la evacuación del barco antes de pensar en cómo se va a salvar él. Obligación que no tiene el cocinero del barco, ni cualquier otro pasajero.

Digo esto porque da la impresión que las únicas obligaciones de personas que ostentan cargos públicos parece que sean el no utilizar el cargo que ocupan en beneficio propio. No. Solo faltaba. El que ostenta un cargo público tiene que ser ejemplar y tener una conducta que no dé lugar a ninguna duda sobre su honradez, y si independientemente de ser honrado o no, su conducta ofrece alguna duda, algo está haciendo mal. No es un digno gobernante.

Al ciudadano de a pie se nos tiene que exigir que cumplamos las leyes. Al que gobierna hay que exigirle que sea ejemplar. Esto es puro sentido común, y sucede en cualquier organización humana. Al empleado de unos grandes almacenes, quizá sea suficiente con pedirle que no se lleve cosas a su casa. Al hombre de confianza del director general se le va a pedir mucho más.

Hay que empezar a hablar de integridad. No es suficiente con no ser “corrupto”. Hay que ser íntegro. No estoy hablando de unos o de otros. Estoy hablando de integridad por parte de todo el mundo, tanto en el ejercicio de la función pública como en el ejercicio de cualquier otra profesión. Hasta el jueves que viene.

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