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No todos tenemos las mismas obligaciones

costa concordiaFaltaría más. Hay quienes, por razón del cargo que ocupan, tienen unas obligaciones que no tienen el resto de las personas. En un naufragio, el capitán del barco tiene la obligación de organizar la evacuación del barco antes de pensar en cómo se va a salvar él. Obligación que no tiene el cocinero del barco, ni cualquier otro pasajero.

Digo esto porque da la impresión que las únicas obligaciones de personas que ostentan cargos públicos parece que sean el no utilizar el cargo que ocupan en beneficio propio. No. Solo faltaba. El que ostenta un cargo público tiene que ser ejemplar y tener una conducta que no dé lugar a ninguna duda sobre su honradez, y si independientemente de ser honrado o no, su conducta ofrece alguna duda, algo está haciendo mal. No es un digno gobernante.

Al ciudadano de a pie se nos tiene que exigir que cumplamos las leyes. Al que gobierna hay que exigirle que sea ejemplar. Esto es puro sentido común, y sucede en cualquier organización humana. Al empleado de unos grandes almacenes, quizá sea suficiente con pedirle que no se lleve cosas a su casa. Al hombre de confianza del director general se le va a pedir mucho más.

Hay que empezar a hablar de integridad. No es suficiente con no ser “corrupto”. Hay que ser íntegro. No estoy hablando de unos o de otros. Estoy hablando de integridad por parte de todo el mundo, tanto en el ejercicio de la función pública como en el ejercicio de cualquier otra profesión. Hasta el jueves que viene.

  1. marc
    abril 25, 2013 en 7:58 am

    Hola Miguel Angel
    Totalmente de acuerdo. Creo que en este país tenemos un problema serio lo que explicas en tu blog. No sabemos o no saben lo que es la integridad y al ser ejemplar. Con todos los escandánlos que hay en el terreno político, y nadie se digna a dimitir. Creo que estamos en una crisis de valores que nos ha llevado al desastre..Y esto se refleja tambien en la sociedad civil. Los politicos de un país dicen son el reflejo de la sociedad..
    Esperamos que en el futuro las proximas generaciones sean mucho mas virtuosas.
    Un saludo.

    • abril 25, 2013 en 2:06 pm

      Gracias Marc. Efectivamente, como indicas es un problema de ser virtuoso, y esto es un tema de educación. Y no sé si se está educando en las virtudes.
      Saludos y nos vemos mañana,
      Miguel Angel

  2. Raul
    abril 25, 2013 en 8:21 am

    Obligaciones….. y también responsabilidades, que los cargos públicos parecen que no tienen ninguna porque cuando hacen algo mal se van de rositas la mayoría de las veces, siendo la culpa siempre de otro.

    • abril 25, 2013 en 2:07 pm

      Y además, el problema no lo tienen que solucionar ellos, sino el que venga dentro de 4 años. Hay algo que no funciona.
      Saludos y gracias RAul,
      Miguel Angel

  3. Patricia Ferrando
    abril 25, 2013 en 8:33 am

    No puedo estar más de acuerdo Miguel Angel, la integridad es fundamental siempre y en todo momento. En las decisiones grandes y en las pequeñas y se transmite con el ejemplo, no con las palabras .

    • abril 25, 2013 en 2:09 pm

      Patricia, yo no me canso de repetir en las clases, que nos comunicamos con los hechos, no con las palabras. Lo que decimos sirve para que la gente vea si somos coherentes o no. Pero los que hablan por nosotros son los hechos.
      Muchas gracias y saludos,
      Miguel Angel

  4. abril 25, 2013 en 8:52 am

    Total, absoluta y completamente de acuerdo.
    Si a la integridad añadimos cierta voluntad de servicio y un grado razonable de coherencia (“por sus hechos los conoceréis…”), entonces… será que no estamos en España.
    Discúlpame por no haber contenido el sarcasmo. Un abrazo.

    • abril 25, 2013 en 2:10 pm

      José María, también opino lo mismo. Si a la integridad le añadimos servicio, estaremos ante gente ejemplar. Esto es lo que hace falta.
      Gracias,
      Miguel Angel

  5. Miguel Ángel Rojo
    abril 25, 2013 en 8:57 am

    La mujer de César no sólo debe ser honrada, además debe parecerlo

    • abril 25, 2013 en 2:11 pm

      Miguel Angel, iba a poner ese dicho cuando escribí laentrada, pero al final no lo puse.
      Gracias,
      Miguel Angel

  6. Anónimo
    abril 25, 2013 en 9:22 am

    Buenos días a todos, completamente de acuerdo Miguel Ángel contigo y con los comentarios anteriores.

    La integridad de la persona es el primer paso que debe de dar el ser humano en su actuación social, profesional, familiar. “Debemos” ser honestos con nosotros mismos y no dejarnos corromper con el poder, simplemente por las ansias de querer avanzar a des-ritmo.

    Se me viene a la cabeza algunos de los pecados capitales o vicios que en el Catecismo de la Iglesia Católica no debe caer el cristiano: gula, lujuria, avaricia (poder poder, quiero el enriquecimiento propio y no veo límite, y cada vez más y más), Ufff, cuánto de esto hay en la cúpula política y en muchos ámbitos claves de la sociedad. Me pregunto, ¿cuándo se limpiaran o confesaran (muchos de ellos lo hemos visto visitando al Papa o defendiendo los intereses de los trabajadores) para empezar a hacer el bien social que tanta falta hace?, máxime cuando hoy al ver los titulares de prensa vemos que la EPA nos da nuevos datos de desempleo escalofriantes.

    Miguel Ángel, como bien me comentabas en uno de los artículos anteriores, solo nos queda que nuestra actuación sea lo mejor posible, intentemos partir de nosotros mismos.

    Muchas gracias por dejar desahogarnos.

    Un saludo,

    Pilar

    • abril 25, 2013 en 2:14 pm

      Pilar, ni el cristiano ni ninguna otra persona debe caer en esos vicios. Como dices, tenemos que empezar por nosotros mismos y el principal perjudicado de una actuación deshonesta es el que la comete.
      Desahógate siempre que sea necesario.
      Saludos,
      Miguel Angel

  7. Jesús J. de Felipe
    abril 25, 2013 en 9:52 am

    Cómo aplicar en la práctica una propuesta de integridad a los directivos que diseñaron e implementarion las preferentes, las campañas de créditos hipotecarios subprime con condiciones abusivas, la salida a bolsa de entidades en quiebra potencial, que diseñan e implantan las tarífas de servicios de telecomunicaciones incomprensibles y cautivan a los clientes, la liberalización de servicios públicos y el reparto de sus carteras de clientes, las primas y subvenciones de energías y el escandaloso déficit tarifario, la reprivatización de las autopistas deficitarias, las condiciones asociadas a la creación y operación del banco malo, … la lista que sale a vuela pluma parece iterminable y descorazonadora. Y muchos o todos son directivos con “pedigree” reconocido y con una muy buena y selecta formación, además de disponer de acceso a todo tipo de recursos para tomar sus decisiones.
    No sé cómo podemos ser coherentes al pretender y reclamar la integridad cuando parece que aceptamos en la práctica el que nuestras decisiones se enmarquen voluntariamente, o “forzosamente” por eso de que hay que pagar la hipoteca, en un sistema donde si te sales del “business as usual”, lo de si no lo haces tú lo hace otro y lo de todo lo que no sea ilegal o alegal es legítimo, entre otros eufemismos del ande yo caliente y ríase la gente.
    No puede ser, no deberíamos engañarnos o ser autocomplacientes con ejercicios que si no son de hipocresía no son suficientemtente coherentes con nuestra práctica cotidiana, con nuestros silencios, con nuestros mirar para otro lado de lo que hace nuestra organización, nuestra empresa o nuestro entorno, aunque, eso sí, lo hacemos con cara y ánimo de “buenospensantes”.
    Deberíamos mejor empezar por reconocer humildemente la realidad de la que somos parte activa y además corresponsables en función directa de nuestras capacidades, conocimientos y posición.

    • abril 25, 2013 en 2:23 pm

      Jesús, pero pon algún punto y aparte, que si no es muy difícil leer lo que escribes.
      En defensa del mensaje de esta semana ante lo que dices, mira que al final digo que vale para los que ostentan cargos públicos y para el resto de las profesiones.

      En defensa mia debo añadir que cuando dices al final que “Deberíamos mejor empezar por reconocer humildemente la realidad de la que somos parte activa y además corresponsables en función directa de nuestras capacidades, conocimientos y posición” yo no soy parte activa. ni corresponsable de esos desaguisados. Mis alumnos pueden certificar que en mis clases no se enseña el “Business as usual” y que colo co a la persona en el centro de la actividad económica. Este blog también es prueba manifiesta de que yo no acepto esas prácticas de las que hablas.

      No voy a entonar un “meaculpismo” porque yo no tengo ninguna culpa ni por acción ni por omisión de las cosas que denuncias, y cuya denuncia yo suscribo también.

      Muchas gracias por participar en el blog.
      Saludos,
      Miguel Angel

      • Jesús J. de Felipe
        abril 25, 2013 en 4:43 pm

        Gracias Miguel Angel,

        Disculpa la dificultad de lectura de mi comentario anterior.

        Hablaba y hablo sin personalizar, en general, para poder expresar así mi disconformidad con la invocación de las virtudes de los individuos cuando no reclamamos el cambio de un sistema que estructuralmente margina al individuo que intenta aplicarlas. Del mismo modo que un cambio organizativo en la empresa no se hace con declaraciones si no van acompañadas de la implantación de las palancas necesarias que encaucen los comportamientos de manera consistente y coherente con la dirección del cambio.

        Lo más preocupante, es que de esos “desaguisados” no es responsable nunca nadie, ni tampoco ninguna institución se dedica a combatirlos. Solo se descubren unos pocos casos cuando se caen por sí solos o los denuncia algún “whistlebower” por despecho.

        Sin “meaculpismos”, y a modo de ejemplo para una posible discusión sobre esto, se puede ver un video con una charla de Jeffrey Pfeffer en el IESE, y que al menos hace algún tiempo era accesible. Allí el profesor de Stanford resume su teoría del “Managing with power” y, aunque advierte que la gestión del poder no tiene que confundirse ni relacionarse con la ética, sorprende escuchar lo, para mí, crudo del mensaje, dirigido principalmente a los estudiantes de MBA. Me parece que un mensaje así, tal como yo lo percibo e interpreto, en una escuela de negocios, no es necesariamente inocuo en relación con los “desaguisados” de que hablamos. Tengo que advertir que aprecio mucho los libros que conozco de Pffefer, incluido el mencionado y especialmente algunos escritos junto con Sutton que son valiosamente desmitificadores.

        Disculpas por la extensión excesiva del comentario y saludos cordiales a todos.

        • abril 25, 2013 en 6:46 pm

          Gracias Jesús, yo puedo responder de mi y te aseguro que distingo muy bien lo pernicioso que es ir a maximizar los beneficios, y cómo la finalidad de la empresa debe ser ofrecer un producto o servicio que satisfaga una necesidad real de clientes. Y eso es lo que trato en mis clases.
          Échale un vistazo al mensaje que publiqué hace algo más de un año: http://wp.me/pF5io-Ag
          Saludos y gracias,
          Miguel Angel

          • Jesús J. de Felipe
            abril 26, 2013 en 8:21 am

            Gracias Miguel Ángel,

            Me pregunto si no sería necesario, si queremos que la integridad forme parte de los objetivos estratégicos de nuestra empresa o actividad, el identificar unas métricas específicas y tratar de evaluar los logros en esa dirección del mismo modo que con el resto de objetivos.

            Saludos

            • abril 29, 2013 en 10:34 am

              Lo veo peligroso. Veo difícil reducir el comportamiento íntegro a métricas. La gente se centraría en conseguir buenas puntuaciones en esas métricas, lo cual no estaría necesariamente indicando un comportamiento ético. Pero de todas formas se puede pensar en eso.
              Gracias y saludos,
              Miguel Angel

  8. Juan Artieda
    abril 25, 2013 en 11:56 am

    Por supuesto estoy de acuerdo con todo lo que habeis dicho , pues la opinión es general , la integridad es importante.
    Con frecuencia oimos en los medios , al hablar de cierto personaje público y criticar cierto comportamiento , que se disculpa, diciendo que entra dentro del ámbito privado . Si este personaje , aun siendo público no ostenta responsabilidad pública alguna puede pasar , pero si este personaje ostenta responsabilidad pública la cosa es muy distinta , pues su comportamiento privado es una muestra de lo que puede ser su ética pública. A titulo de ejemplo: si esta persona le es infiel reiteradamente a su conyuge , al que, se supone , algo de aprecio tiene o habrá tenido , sin importarle mucho la opinión de sus hijos , a los que se supone quiere,¿ qué se podrá esperar del respeto que nos tendrá a sus electores o administrados ?, a los que ni conoce personalmente.
    Luego la integridad personal , en todos los ámbitos , sean privados o públicos , es primordial para definir al personaje.

    • abril 25, 2013 en 2:25 pm

      Efectivamente Juan. El que no es íntegro en su vida privada, es imposible que lo sea en su actuación profesional. Y el que pretenda demostrar lo contrario, con su actitud está tratando de tontos a sus interlocutores.
      Gracias y saludos,
      Miguel Angel

  9. Javier López
    abril 25, 2013 en 2:49 pm

    No puedo estar más en desacuerdo…

    … sólo con una afirmación de las que haces “Al empleado de unos grandes almacenes, quizá sea suficiente con pedirle que no se lleve cosas a su casa”. No, eso no hay que pedírselo. Debe ser así. A este empleado lo que hay que pedirle es que sea honesto con la venta que hace. Que no coloque un crecepelo a un calvo, o que no venda preferentes a un anciano de 70 años.

    Comparo esta situación con la de “muchos” funcionarios. Yo no lo soy pero tengo familiares y conocidos que sí y lo que me cuentan es inaceptable. La obligación de un funcionario es desarrollar las funciones de su trabajo, no ir a trabajar, no ir a calentar su sitio y “si quieren que trabaje pues que me paguen más pues para lo que me pagan, ya me gané mi puesto al aprobar la oposición”.

    En todo lo demás, chapeau.

    Javier

    • abril 25, 2013 en 6:37 pm

      Gracias Javier, estoy de acuerdo con lo que dices. El ejemplo del empleado lo he puesto para diferenciarlo bien de quien tiene obligaciones mayores. Pero efectivamente el empleado tiene que velar por el cliente. Aunque bien pensado, eso no es función del empleado. El empleado lo únicoqu eestá obligado a hacer es cumplir con las obligaciones del contrato que tiene con quien le ha contratado. Que no venda un peine a un calvo es responsabilidad de su jefe.
      Pero en resumen creo que queremos decir lo mismo.
      Muchas gracias.
      Miguel Angel

  10. Anónimo
    abril 25, 2013 en 2:57 pm

    No, no es suficiente ser honrado y parecerlo. Tambien se requiere tolerancia cero a la falta de honradez de los demás.

    • abril 25, 2013 en 6:38 pm

      De acuerdo anónimo. Pero tenemos que preguntarnos qué educación estamos dando a los jóvenes.
      Saludos quien quiera que seas,
      Miguel Angel

  11. abril 25, 2013 en 3:22 pm

    Pero uno si trabajo no puede conseguir dinero el dinero hay que trabarlo para tenerlo en mano Y si en dinero que gana no es suficiente lo mejor seria no ir al trabajo para asi puedan pagar mas si lo necesitan que balla que los llamen

  12. Anónimo
    abril 25, 2013 en 5:36 pm

    Ok,estoy de acuerdo, pero el tránsito a un paradigma de sociedad honrada, si bien es posible intentarlo con una mejora en la educación tras una profunda reflexión de todos los agentes implicados, entre otras cosas, será largo.

    Hay un enfoque complementario, necesario aunque sólo fomente la integridad por temor al castigo, mejorar la rapidez, eficacia y contundencia del sistema punitivo. Es probable que si hacemos esto se cometa algún error, pero la resultante será mejor que la del actual sistema en el que nunca pasa nada y si pasa pasa casi nada.

    Por noble que sea la aspiración a una sociedad de individuos íntegros continuaremos necesitando jueces, procesos, cárceles y castigos.

    • abril 25, 2013 en 6:40 pm

      Sí anónimo, mejorar el sistema punitivo, que sea justo, es algo necesario pra que esto funcione, aunque como ya apuntas no es suficiente. Hace falta algo más, y lo dices tú: mejora en la educación.
      Muchas gracias,
      Miguel Angel

  13. Cayetano
    abril 25, 2013 en 6:32 pm

    En mi opinión, estamos en un país en que parece que el que no roba es el mas tonto… el que no defrauda a hacienda es tonto.. el que no se cuela en los atascos o en las colas del cine es tonto… el que no se queda un billete que ha visto como se le cae a otra persona es tonto…. y así con muchos otros ejemplos… Para mi el problema no es sólo de los políticos sino también de la educación y los valores que rigen en este país.

    Eso sí, los políticos deberían ser ejemplares, integros y con valentía para dar ejemplo y tomar las decisiones que requiera el país pero esos políticos, no suben en la escala de su partido porque necesitan apoyos, financiación y deber favores… que cuando llegan arriba otros se cobran.

    Dificil solución tiene pero de acuerdo 100% en tu post una vez más.

    Un abrazo
    PD: Disculpa el uso abusivo de la palabra “tonto” en mi comentario

    • abril 25, 2013 en 6:41 pm

      Gracias Cayetano, por complementar el post con tu opinión.
      Saludos,
      Miguel Angel

  14. Sonia López
    abril 25, 2013 en 11:14 pm

    Efectivamente, educar en valores es la clave y esto difiere de la cultura del pelotazo y del todo vale que han precedido a la situación actual. Nos representan los mismos que en su día fomentaron especulación, dinero fácil y café para todos, por lo que qué podemos esperar. En este contexto mucho me temo que la educación se nos ha ido de las manos… Y la reeducación se me antoja aquí tan complicada como la reinserción de determinados reos. Confiemos en que esta inolvidable crisis sea la cuna de futuros dirigentes a la altura de los esfuerzos a que estamos abocados.

    • abril 29, 2013 en 10:29 am

      Gracias Sonia, esperemos que algo aprendamos con esta crisis y las cosas mejoren.
      Saludos,
      Miguel Angel

  15. G S
    abril 27, 2013 en 3:32 am

    Gracias Marc. Efectivamente faltan personas con I mayúscula de Integridad. Personas que vengan a servir y no a servirse. Personajes como ese Rodríguez Díaz de Vivar que narra El Cantar del Mío Cid nos harían falta.
    Un saludo.

  16. JAVA
    abril 27, 2013 en 9:16 am

    Interesante e Importante cuestión. No todos tenemos las mismas obligaciones, pero las que sean deberían estar asentadas en comportamientos -éticos, morales, honestos, íntegros-. Hemos comentado más de una vez entre colegas, que además de -educar en valores- hay que -entrenarlos-, para que precisamente cuando los tiempos son difíciles estos comportamientos, -valores-, no decaigan, como cualquier deportista que necesita entrenar y mejorar para competir y enfrentar partidos difíciles. También hemos comentado que en nuestra tarea diaria como gestores, directivos..procuramos -leer, actualizar conocimientos, compartir experiencias-,acudiendo a buenas fuentes….pero hablando de ética..etc, nos hemos preguntado ¿Cuándo ha sido la última vez en que hemos leído, actualizado, compartido conocimientos sobre materias como ética, moral, valores?…ante esta pregunta nos hemos encontrado en muchas ocasiones que la última vez había sido en el colegio en materias como filosofía, ética, religión….Seamos conscientes entonces de la necesidad de formación continua en esta materia.

    • abril 29, 2013 en 10:32 am

      Sí Java, hay que buscar y encontar momentos para la reflexión sobre estos temas. En el IESE a nuestros antiguos alumnos les ofrecemos ciclos de sesiones sobre estos temas, aparte de que los cursos que damos están impregnado de la consideración de los valores. Pero efectivamente hay que buscar momentos y actividades que nos permitan reflexionar sobre esto.
      Muchas gracias,
      iguel Angel

  17. abril 29, 2013 en 11:38 am

    Hola Miguel Ángel
    Estoy de acuerdo con el fondo de tu artículo. Lo que creo que nos pasa es que nos hemos vuelto muy poco exigentes. Como personas, como empresarios, como trabajadores y como ciudadanos.
    Soy de los que creen que, por naturaleza o por decisión propia, no todos somos iguales. En función de la influencia que tengamos en nuestro entorno así se nos debe exigir. Pero con unos mínimos iguales para todos, que se resumirían en honradez y esfuerzo sincero por dar lo mejor de uno mismo.
    Creo que tragamos demasiadas actitudes incompetentes o directamente maliciosas. Nos falta capacidad de exigencia y nos conformamos con poco. Tan mal me parece que están las cosas que para mucha gente el cumplimiento de esos mínimos ya es suficiente. Y así no podemos seguir. Hasta el capitán del crucero italiano fue de los primeros en huir para luego afirmar que quería organizar la evacuación desde tierra.

    Increíble. A ver si aprendemos.

    Un saludo,Alberto Losada
    ReThinkYa

  1. noviembre 21, 2013 en 7:02 am
  2. julio 13, 2014 en 12:48 pm
  3. agosto 15, 2015 en 11:19 pm

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