A veces un grupo de personas tiene que tomar una decisión que nos afecta, y cuando han decidido, si nos afecta positivamente estamos de acuerdo con el grupo, y si nos afecta negativamente opinamos que el grupo estaba formado por inútiles incompetentes y sectarios.
No, el grupo que toma la decisión es competente o incompetente con independencia del resultado de la decisión y de cómo nos afecta. Por lo tanto, el juicio sobre si son buenos profesionales decidiendo o no, hay que hacerlo antes de que tomen la decisión. Si no son buenos profesionales hay que decirlo antes de saber qué van a decidir, y en su caso, si es posible, apartarlos. Y si son buenos profesionales hay que acatar lo que decidan me afecte positiva o negativamente.
No vale hacer un juicio sobre la profesionalidad de un equipo en función de cómo me afecten sus decisiones. No les iría mal a los políticos hacer unos talleres sobre toma de decisiones como muchas empresas lo hacen para sus equipos directivos.
Cambiando de tema, la conferencia que anuncié que había preparado este verano sobre “Cómo integrar la IA en la toma de decisiones” ya la he dado en varios lugares a antiguos alumnos del IESE y para otras empresas y foros empresariales. Es curioso el interés que está despertando todo lo referente a la IA. Hasta el jueves que viene.
Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.
¿Buscas elevar la mirada estratégica de tu equipo? Si deseas una intervención que genere un impacto duradero, explora mis conferencias y talleres de alto impacto o conversemos directamente sobre cómo podemos colaborar.
¿Te interesa agendar una de mis conferencias magistrales?: https://miguelarino.com/oferta-de-conferencias
Descubre más desde Toma de Decisiones Miguel A. Ariño
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Recuerdo que cuando trabajé en un gran hipermercado, arriba en las oficinas había colgado un tablero con: avisos, comunicados, eventos,… y también aparecía una tabla salarial para cada grupo profesional, junto con unos complementos especiales según valores concretos. Me sorprendía comprobar como un compañero de trinchera (esto era otro responsable de Sección, que se arremangaba, que tiraba de transpaleta,… ), recibía un complemento que normalmente triplicaba al de los demás. ¿Saben ustedes porqué tenía este reconocimiento y una gratificación tan superior? Pues porque debía tomar muchas buenas decisiones todos los días. Como Jefe de Pescadería se levantaba cada día a las 4 de la madrugada y se iba al mercado mayorista. Allí observaba, buscaba y decidía que producto comprar, cual se llevaría él mismo en la furgo, cual deberían entregarle por la mañana en tienda, cuál apalabraba para otro día, regateos, acuerdos, lotes,… etc. A las 6 llegaba en la tienda (nuestro segundo hogar) y seguía con otras muchas decisiones: precios, ofertas, exposiciones, descuentos por volumen, depreciaciones por final jornada, control de mermas, promos en folleto,… etc. Terminado el día había que desacerse del sobrante, para al día siguiente volver a empezar con todo nuevo. Y esto lo hacía todos los días de lunes a sábado (en la actualidad hay muchos más medios y facilidades, pero en aquellos años debía hacerse así). Poder conseguir una buena rentabilidad en la Pescadería, era un trabajo de lo más complejo y difícil. Un día comentando esta circunstancia con el Director nos respondió algo así: «Nos gusta su trabajo, porque sabe hacerlo y lo hace muy bien. Él toma sus decisiones y nadie le interfiere. Unas veces tendrá más acierto y otras menos… pero aquí está el verdadero arte». Lógicamente no recibía aplausos un día y reprimendas al otro, no era bueno el día con beneficios y malo el día con pérdidas, pues esto habría sido insoportable. Sino que tenía una responsabilidad encomendada y la cumplía diariamente con su mejor esfuerzo. Al final de cada jornada la Sección arrojaba unos resultados y al terminar el mes había el resumen global. Actuaba desde su posición de especialista, con plena autonomía y total aceptación. Todo el equipo reconocía su profesionalidad y aceptaba sus decisiones y consecuencias indistintamente. Como los aciertos eran los más habituales, entonces recibía su compensación. Creo este ejemplo coincide con la idea del profesor. Saludos, Xavier
Muchas gracias Anonimo por transmitirnos tu experiencia. Muestras un ejempl ode gran profesionalidad, como debe ser.
Saludos,
Miguel Angel