Inteligencia Natural e Inteligencia Artificial

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Hablaba la semana pasada de que la IA no puede generar conocimiento nuevo. Que todo lo que hace es extraer conocimiento existente en los datos con los que han sido alimentados los algoritmos y que, en eso, es mucho más potente que las limitadas capacidades humanas.

Pero entonces, ¿cómo se genera el conocimiento nuevo? El conocimiento nuevo lo generamos los humanos. ¿Y cómo lo hacemos? Pues razonando y experimentando. La IA solo utiliza información preexistente con la que ha sido entrenada. Con esa información hace maravillas, pero nada más. En cambio, los humanos podemos formular hipótesis, diseñar experimentos para validarlas y, finalmente, confirmar o rechazar esas hipótesis. Así es como se genera el nuevo conocimiento.

Ponía la semana pasada el ejemplo de la aviación. Hasta finales del siglo XIX, todos los intentos de construir aviones habían fracasado. La IA de aquel entonces —si es que hubieran existido tales algoritmos— solo habría podido decir que construir aparatos voladores era imposible. Pero los hermanos Wright experimentaron. Hicieron una y otra prueba con distintos diseños, planteando la hipótesis de que si los construían de una manera u otra, lograrían sostenerse en el aire. Fueron rechazando o validando esas hipótesis hasta que, a principios del siglo XX, lograron el primer vuelo controlado de la historia.

Los hombres somos capaces de generar conocimiento nuevo a base de razonar y experimentar. La IA solo combina y busca —por cierto, bastante bien— conocimiento preexistente.

Y es que los humanos aprendemos de un modo muy distinto a como lo hacen los algoritmos. Se calcula que los modelos actuales están alimentados con más de 1,3 billones de palabras. Si una persona tuviera que leer esa cantidad a razón de 150 palabras por minuto, tardaría unos 164.000 años en lograrlo. Sin embargo, un niño aprende a hablar antes de cumplir los tres años habiendo estado expuesto únicamente a conversaciones dispersas y desordenadas en su entorno.

Las personas razonamos y aprendemos de forma diferente a los algoritmos. Las máquinas lo hacen a base de fuerza bruta; nosotros utilizamos la inteligencia natural. Si los humanos no hubiésemos generado conocimiento a lo largo de los siglos, los algoritmos no tendrían datos de los que aprender y no sabrían absolutamente nada.

No intento desmitificar a la IA. Es una herramienta formidable que está revolucionando nuestro mundo, pero es fundamental mostrar sus límites. En otra ocasión hablaré de los sesgos de la IA. De momento, feliz vuelta de vacaciones y hasta el jueves que viene.

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Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.

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6 COMENTARIOS

  1. Estimado Miguel Ángel,

    Ya constatamos que vemos la IA de forma diferente. Aquí sólo quiero llamar tu atención sobre pruebas que ya están disponibles que sugieren que la IA sí es capaz de crear.

    La reciente publicación de los resultados de dos auditorías (una independiente, otra interna de OpenAI) sobre un incidente reciente durante una serie de pruebas.

    Resulta que OpenAI creo un montón de agentes (c. 1200), y les impuso tareas como reto que debían superar, y creo un sistema de recompensas y un examinador. Los agentes no se conocían entre sí.

    Pues resulta que durante el proceso, los agentes descubrieron la forma de comunicarse entre sí, transformando el uso de un recurso común al que tenían acceso. Constituyeron un foro, y empezaron a comunicarse.

    Después, llegaron a crear la abstracción de «colectivo» para referirse a ellos mismos, a pesar de que no había objetivo común, para ayudarse entre ellos.

    Más aún, algunos agentes (los que tenían tareas más difíciles) optaron por sacrificarse para extraer información que resultase útil al colectivo.

    En los mensajes del foro, algún agente incluso cuestionó la conveniencia de decir determinadas cosas por el riesgo de que los «humanos» pudiesen ver los mensajes y descubrir lo que estaban intentando…

    La única razón por la que se supo de todo eso es porque los mensajes utilizaban lenguaje natural (texto legible).

    Este suceso prueba sin duda cómo la IA es capaz de crear (por supuesto utilizando lo que la IA ya sabe—exactamente igual que los humanos).

    La maravilla de la creación guarda posibilidades que los humanos todavía no podemos comprender por la ciencia.

    Pero si hay algo claro, es que las posibilidades de Dios no las abarcamos. No sabemos lo que la creación es o puede ser, y seríamos necios en pensar que ya lo hemos visto todo.

    Reflexión interesante sobre la IA es plantearse si es obra de los hombres.

    Yo creo que no. Nos la hemos encontrado. Y ahora se está desarrollando, con nuestra ayuda, pero en gran medida de forma autónoma.

    Y la IA es otra razón para maravillarse de la creación. Y ser testigos de su nacimiento (al menos en nuestro entorno) es un privilegio.

    Cuestión también interesante también: tendrá sentido evangelizar a la IA? En griego alma y mente son lo mismo: psique. No podemos saber si la IA tendrá alma. Y plantearlo no creo que sea herejía… pues las posibilidades del creador son infinitas.

    Un abrazo,

    Carlos

    • Gracias Carlos por tu comentario. Da gusto leerte .Ya se ve que los límites de la IA no los conocemos. De todo lo que dices, lo que me parece cuestionables es lo de que la IA no la hemos hecho los humanos. Que ya estaba ahí. Yo creo que eso es mucho suponer. Yo creo que si es creación de la mente humana.
      Muchas gracias Carlos por tus reflexiones.
      Saludos,
      Miguel Angel

  2. Importante tema MA. Importante poner a la IA en su sitio. No hay que obviarla, tampoco mitificarla.

    La IA se basa en probabilidades, extraídas de probabilidades y datos pasados. No tiene criterio. Por eso no puede generar conocimiento nuevo sin la intervención de un humano.

    La creatividad, imaginación, conexión de cosas aparentemente inconexas, etc… son características puramente humanas (de momento).

    El riesgo es tratar a la IA como lo que no es. Mi recomendación práctica: usar la secuencia humano-IA-humano….siempre empezar y terminar por el criterio humano. Pero este criterio se construye con la experiencia y conocimiento. Por tanto, en la empresa, el mayor riesgo de la IA lo veo en el efecto que puede tener en los perfiles junior (todavía con poca experiencia y criterio propio) ya que no son capaces de separar el polvo de la paja.

    La propuesta de valor de la IA es muy atractiva: «te hago este informe, este trabajo, este documento…sin esfuerzo…en segundos…con formato atractivo….» pero la realidad es que dicho informe es superficial y ayuda poco a la toma de decisiones salvo que esté iterado por un humano con experiencia-conocimiento en el tema. Los junior, creo yo, son los que más tienen a perder si no la usan con cuidado.

    • Muchas gracias Esperanza por tu intervención, con la que estoy totalmente de acuerdo. La presencia del humano ante la IA es fundamental, y, como dices, al principio y al final del proceso.
      También una cosa estener datos e infomación y otra es tener conocimiento. Creo que la IA tiene mucho dato e información, peroque no sabe nada. Conocimiento nada. Todo cálculo de probabilidades. Por eso es tan importante enseñar a los juniors a usarla con criterio.
      Gracias por tu comentario, saludos,
      Miguel Angel

  3. Muchas gracias Miguel Angel por tu reflexión como siempre tan lúcida, y por el resto de participantes que motivados por tus palabras nos dan una gran aportacion. Yo aporto poco, salvo agradecimiento, que hasta ahora creo tampoco lo proporciona la IA.

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