Un antiguo alumno compartió una experiencia donde observó que otorgar poder revela el verdadero carácter de las personas. Distingue entre poder y autoridad, indicando que el primero es necesario para establecer eficacia y alcanzar objetivos, aunque la verdadera autoridad se gana con el tiempo. También menciona el uso defensivo del poder.
Conseguir resultados es imprescindible, pero no basta con exigirlos. Los buenos directivos dedican gran parte de su esfuerzo a crear las condiciones que permiten a las personas hacer bien su trabajo y alcanzar esos resultados.
La inteligencia artificial avanza rápidamente en el uso individual, pero su incorporación a las empresas será más lenta. La clave no estará en la tecnología, sino en la capacidad de los directivos para liderar los cambios necesarios.
Muchas empresas dedican tiempo y recursos a definir su misión. Sin embargo, muchas declaraciones son tan genéricas que podrían pertenecer a cualquier organización. Una misión útil debe explicar para qué existe la empresa y cómo se diferencia de las demás.
La revolución industrial cambió el mundo y obligó a afrontar nuevos desafíos sociales. Hoy la inteligencia artificial plantea cuestiones similares. ¿Cómo aprovechar sus beneficios sin dejar atrás a quienes pueden verse perjudicados por ella?
Algunos directivos creen que dirigir consiste en supervisarlo todo y corregir hasta el último detalle. Sin embargo, cuando el control se convierte en intromisión, las personas dejan de sentirse responsables de su trabajo y se desentienden de los resultados.