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Posts Tagged ‘Ética’

Decepcionante

rana plaza factoryDos profesoras de una de las mejores escuelas de negocios de los Estados Unidos han escrito un libro donde ponen como ejemplo una muy famosa compañía que vende sus productos en el mercado masivo. Esta compañía tuvo durante los años 90 una importante crisis porque se le acusó de utilizar niños en un país del sudeste asiático para confeccionar los productos que la empresa vendía en todo el mundo.

Fruto de esta crisis de imagen la compañía se encontró con el dilema de seguir empleando esos baratos trabajadores como hacían muchos competidores o pagar unos salarios más altos a sus fabricantes, en ese mismo país o en otros países similares. Decidieron esta última opción y empezaron a fabricar siguiendo unos principios morales más razonables.

En el libro escrito por estas dos profesoras indican que la decisión fue muy acertada. La razón que dan es que cuando en el año 2013 se vino abajo en Bangladesh un edificio donde murieron más de mil empleados que trabajaban en condiciones infrahumanas, el mundo se echó encima de muchas multinacionales que encargaban la fabricación a empresas cuyas prácticas eran muy indignas. Sin embargo, esta empresa de la que hablaban salió bien parada.

Lo decepcionante es que estas dos profesoras indicaran que la decisión fue buena porque libró a esta empresa de ser acusada nuevamente de imponer esas condiciones laborales. La decisión inicial fue buena porque esta empresa dejó de utilizar prácticas inhumanas, no por conseguir que no la acusaran de malas prácticas.

Nos movemos en un economicismo apestante. Las escuelas de negocios tenemos una gran responsabilidad en mostrar buenas prácticas directivas. Da la impresión que, si no se hubiera derrumbado ese edificio y si no hubieran salido a la luz pública esos modos de subcontratar la fabricación, el hacer trabajar a la gente en esas indignantes condiciones hubiera estado justificado. Puro economicismo. Feliz semana santa.

Quien siembra vientos…

diciembre 18, 2014 13 comentarios

tempestadesQuien siembra vientos cosecha tempestades dice la sabiduría popular. Es muy fácil exigir derechos pero no cumplir con las obligaciones. Hay personas e instituciones que no se cortan a la hora de transgredir los más elementales principios de honestidad cuando se trata de hacer negocios. La pela es la pela y ante la cuenta de resultados todo vale. Sin embargo lanzan un grito al cielo cuando es a ellos a los que se está agrediendo.

Cuando alguien no cumple con sus obligaciones tiene poca autoridad moral para exigir sus derechos. Hace unos pocos años vaticiné que vendrían tiempos difíciles para cierta multinacional. Mi predicción se basaba la falta de honestidad en alguna de sus operaciones. No digo de qué empresa se trata para ser coherente con mi mensaje de la semana pasada. El tiempo me ha dado la razón. Nunca es motivo de alegría que una empresa esté teniendo dificultades. Lo que sí me alegra es comprobar que mis teorías sobre dirección de empresas se ven verificadas por los hechos. El que siembra vientos…

La semana que viene el jueves es navidad, así que adelantaré el post al miércoles. También informaros que el 22 de enero hablaré sobre la toma de decisiones en un webinar transmitido en vivo desde el IESE. Si queréis participar os podéis apuntar en este enlace. Saludos.

No todo vale

noviembre 13, 2014 14 comentarios

corrupcionAparecen últimamente muchas noticias de personas que abusan de la situación profesional que ostentan, ya sea como directivos en empresas o en cargos públicos. Ante estas situaciones quizá sea bueno recordar dos ideas que hemos desarrollado en el IESE para el buen funcionamiento de las organizaciones: las políticas institucionales y las políticas de servicio en una organización.

Las políticas institucionales recogen todos aquellos comportamientos que se esperan y se exigen de las personas que trabajan en esa organización: honradez, uso correcto de los fondos que se utilizan, etc. Estas políticas institucionales son de obligado cumplimiento para todas las personas de la organización.

Las políticas de servicio, en cambio, describen aquellos comportamientos que se exigen a los responsables de esa organización. Estas políticas son más exigentes que las políticas institucionales. Está claro que el comportamiento que se debe exigir  a un alcalde o a un concejal respecto a su ciudad es mucho mayor que el que se exige a un ciudadano cualquiera. También lo que se exige a los dirigentes de una empresa debe ser mucho más que los comportamientos que se exigen a un empleado cualquiera. El dirigente ha de ser ejemplar. Si a un empleado de un supermercado no debe robar productos del supermercado, y que cumpla con su horario, a un directivo posiblemente se le deba exigir más. Si el alcalde corta pinos, ¿qué no harán los demás vecinos?

Tanto las políticas institucionales como las de servicio deben formularse en términos negativos. Más que decir lo que se debe hacer, deben indicar cuáles son los comportamientos que son inaceptables en esa organización. Bien para todo el mundo en el caso de las políticas institucionales, bien para los dirigentes en el caso de las de servicio.

Estas políticas no necesariamente tienen que estar escritas. Basta con que sean comportamientos que se viven y están firmemente arraigadas en la cultura de la empresa. De todas formas, si están escritas mejor. El grado de credibilidad de estas políticas depende de cuánto se exige su cumplimiento. Es decir de las sanciones asociadas a su incumplimiento. Si se usan fondos de la empresa para fines particulares y no pasa nada, esas políticas son papel mojado.

Muchos escándalos se habrían evitado en empresas y organismos públicos, si estuvieran claras y arraigadas estas políticas, y si su incumplimiento llevara asociado la sanción proporcionada. Hasta el jueves que viene, y os recuerdo que podeis enviar un email a esta dirección los que querais inscribiros en la reunión de lectores del blog del 4 de diciembre.

Corrupción

corrupcionEstán saliendo a la luz pública en España numerosos casos en los que personas que ocupan puestos de servicio público -políticos- están utilizando su puesto en beneficio propio en detrimento de los ciudadanos. No juzgo la veracidad de esas noticias. Unas lo serán más y otras menos, pero están causando gran indignación en este país.

Para remediarlo se habla de una ley de transparencia y unas cuantas medidas legales más. Todo este tipo de medidas y controles me parecen necesarios, pero no pensemos que así se va a arreglar el problema. Ya lo dice el refrán: hecha la ley, hecha la trampa. No en vano la novela picaresca es un género específico de la literatura española.

¿Cómo se puede atajar pues el problema de la corrupción? El único modo es la autodisciplina. No hay leyes que combatan la picaresca. O individual y colectivamente cada uno se compromete a ser honrado o el problema seguirá existiendo. Si la única razón que tengo para no hacer un beneficio ilícito son las penas que pueden acarrear, malo. La única razón válida para no hacer un beneficio ilícito es “que no se debe hacer”.

Si no, ya podemos poner leyes y normas, que no harán más que agudizar el ingenio del defraudador y asfixiar al pobre ciudadano honrado. Me parece que existen demasiadas leyes.  Para avanzar en el camino de la responsabilidad personal hacia la sociedad es necesario mejorar la educación de las nuevas generaciones. Sobre las líneas generales de como debe ser esa educación, quizá hable la semana que viene o la siguiente. Hasta el jueves que viene.

Toma de decisiones y comportamiento ético

diciembre 22, 2011 57 comentarios

eticaEn algún momento, en medios de comunicación y en otros foros ha surgido el tema de qué parte de responsabilidad tienen las escuelas de negocios en la actual crisis económica. Que si lo que en ellas se enseña ha facilitado unas prácticas directivas excesivamente centradas en el logro de beneficios a toda costa. Que si no se ha puesto suficiente énfasis en la responsabilidad ética en la practica directiva, etc. También se habla de este tema cuando surgen sospechas de conductas dudosas en algún personaje relevante.

A raíz de esto muchas escuelas de negocios se han preguntado qué lecciones debían aprender de la actual situación. Han reelaborado sus programas de estudios y han puesto un mayor énfasis en sus cursos en el comportamiento ético de los directivos.

Yo, lo que he aprendido de todo esto es que debo seguir impartiendo mis clases del mismo modo como lo he venido haciendo hasta ahora: seguir poniendo énfasis en que la actividad económica y empresarial se debe centrar en la persona y no en los beneficios. Que los beneficios vienen después de hacer las cosas bien. Que hay que tener en cuenta no solo las consecuencias económicas de las decisiones sino también el impacto que tienen en los demás y en nosotros mismos. La actual crisis económica no ha hecho más que ratificarme en que el enfoque que doy a mis clases es el adecuado. Este ha sido mi aprendizaje. En definitiva que en la actividad económica y empresarial hay que cumplir los diez mandamientos.

Hay un error que me gustaría aclarar en este mensaje. Se piensa con frecuencia que la falta de comportamiento ético es propio de personas poco íntegras. Mi apreciación es distinta. Yo creo que la falta de comportamiento ético es propio de las personas poco inteligentes. Lo inteligente es actuar con integridad. Pues el principal perjudicado de los comportamientos inmorales es uno mismo. Y esto es ser tonto. En mis clases no enseño a ser buenos sino a razonar. A no actuar como un tonto.

Una buena decisión que podeis tomar esta navidad es regalar varios ejemplares del “Iceberg a la vista”. Después de estar cada jueves durante dos años acudiendo a la cita con los blog-lectores bien me podeis permitir esta cuña publicitaria. Feliz navidad a todos. Especialmente a los que habeis sido antiguos alumnos míos y a los que os conozco personalmente.

Etica y toma de decisiones

El fútbol y la éticaComo anuncié en el mensaje de la semana pasada voy a continuar con el tema de los valores y la toma de decisiones. Cada uno decide según su escala de valores, pero decíamos que hay que cerciorarse de que se tienen unos valores correctos, que uno valora cosas que realmente valen y no cosas que no valen. Es decir, que existen valores objetivos: honradez, justicia, lealtad, etc. Si esto no fuera así ¿qué sentido tendría el decir que hemos de tener un comportamiento más ético, sobre todo los dirigentes políticos y los responsables de las empresas?. Si no hubiera principios de actuación, valores, objetivos, cada uno estaría actuando eticamente según “sus” valores, según “su” ética. A nadie se le podría achacar falta de ética en su comportamiento.

Negar la existencia de valores objetivos es el terreno de los mediocres. Si soy yo el que dicto lo que está bien y lo que está mal, yo siempre triunfo. Es como si en la liga de futbol cada equipo pusiera las reglas. Uno dice gana la liga “el que meta más goles”. Otro dice, “el que más penaltis meta”, otro “el que le metan menos goles”, así todos los equipos ganan la liga. No señores. La liga la gana solo un equipo: el que más puntos consigue y punto (o cómo dicen mis alumnos del master punto pelota).

Esto no son simplemente consideraciones filosóficas. Lo serían si no tuvieran impacto en la vida de cada una de las personas y en las organizaciones que  formamos. A nivel personal, si tu escala de valores no es correcta vas a tener más dificultades en la vida. A nivel más macro, si las causas de la crisis económica fueran puramente económicas, con una correcta política económica tendríamos la solución. Pero las causas de la crisis son tanto económicas como éticas, comportamientos eticamente reproblables, entonces ya no es suficiente una adecuada política económica. Hace falta algo más: integridad. Una deficiente escala de valores genera crisis económicas a nivel social y crisis personales a nivel individual.

Termino con una par de poesías breves de Antonio Machado (tiene muchas en este sentido) que avalan lo que estoy exponiendo: “Tu verdad no, la verdad. Y ven conmigo a buscarla, la tuya guárdatela” y la otra: “En mi soledad, he visto cosas muy claras, que no son verdad“. Hasta el jueves que viene.

Toma de decisiones y escalas de valores

En un comentario a mi entrada de la semana pasada, Fernando Núñez me sugería que hiciera alguna reflexión sobre las decisiones que tomamos y su relación con la escala de valores que cada uno tiene. El tema es de sumo interés y muy profundo. Los valores son los principios de actuación por los que cada uno se rige. Cada uno decide según su escala de valores. Pero tenemos que cerciorarnos  que tenemos una escala de valores correcta. Los valores son las cosas que valen y nuestra escala de valores son las cosas que nosotros valoramos, y si lo que nosotros valoramos no son cosas que valen, nuestra escala de valores estará equivocada y por tanto nuestras decisiones y actuaciones serán incorrectas. Es por tanto importante que nos preocupemos de valorar las cosas que realmente valen.

Los valores son objetivos y mis valores son subjetivos. Sí, sí, has leído bien por muy contracultural que suene: existen valores objetivos. La honradez, el respeto a los compromisos adquiridos, la justicia, etc. son valores. Si en nuestras decisiones no tenemos en cuenta que hay que ser honrados, respetar los compromisos adquiridos, etc. nuestras actuaciones serán incorrectas. Nos saldrán las cosas mal. Es por tanto muy importante que nos cercioremos que valoramos lo que realmente vale para no construir nuestra vida sobre principios erroneos. Recuerda que en el mensaje de la semana pasada decíamos que cada uno somos la historia de nuestras decisones.

La idea que acabo de exponer está avalada por Benedicto XVI, que tiene como uno de los objetivos de su pontificado el combatir el relativismo, el todo vale. No, no todo vale. Engañar no vale. En verdad valores solo hay uno: la persona humana. La persona es el único valor intrínseco. Los demás valores son valores en la medida en que sirven a la persona.

El poeta Antonio Machado también defiende esta idea, aunque continuaré hablando de esto la semana que viene, pues todavía hay muchas cosas que decir. Solo añadir un par de ideas muy útiles para los tiempos que corren: la primera es que la lealtad a los compromisos que uno ha adquirido con su conyuge es un valor. Quebrantar este valor tiene dramáticas consecuencias tanto a nivel personal como social. La segunda es mostrar la importancia de educar en valores a los jóvenes. Que aprendan a valorar lo que realmente vale. Les va en ello su felicidad personal y el mundo que construimos.

Sobre este tema he pensado mucho, y los comentarios, como siempre, serán bienvenidos. Cuando hablo de esto en mis clases a los alumnos se les ponen los ojos como platos. Adios,

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