No todo vale

corrupcionAparecen últimamente muchas noticias de personas que abusan de la situación profesional que ostentan, ya sea como directivos en empresas o en cargos públicos. Ante estas situaciones quizá sea bueno recordar dos ideas que hemos desarrollado en el IESE para el buen funcionamiento de las organizaciones: las políticas institucionales y las políticas de servicio en una organización.

Las políticas institucionales recogen todos aquellos comportamientos que se esperan y se exigen de las personas que trabajan en esa organización: honradez, uso correcto de los fondos que se utilizan, etc. Estas políticas institucionales son de obligado cumplimiento para todas las personas de la organización.

Las políticas de servicio, en cambio, describen aquellos comportamientos que se exigen a los responsables de esa organización. Estas políticas son más exigentes que las políticas institucionales. Está claro que el comportamiento que se debe exigir  a un alcalde o a un concejal respecto a su ciudad es mucho mayor que el que se exige a un ciudadano cualquiera. También lo que se exige a los dirigentes de una empresa debe ser mucho más que los comportamientos que se exigen a un empleado cualquiera. El dirigente ha de ser ejemplar. Si a un empleado de un supermercado no debe robar productos del supermercado, y que cumpla con su horario, a un directivo posiblemente se le deba exigir más. Si el alcalde corta pinos, ¿qué no harán los demás vecinos?

Tanto las políticas institucionales como las de servicio deben formularse en términos negativos. Más que decir lo que se debe hacer, deben indicar cuáles son los comportamientos que son inaceptables en esa organización. Bien para todo el mundo en el caso de las políticas institucionales, bien para los dirigentes en el caso de las de servicio.

Estas políticas no necesariamente tienen que estar escritas. Basta con que sean comportamientos que se viven y están firmemente arraigadas en la cultura de la empresa. De todas formas, si están escritas mejor. El grado de credibilidad de estas políticas depende de cuánto se exige su cumplimiento. Es decir de las sanciones asociadas a su incumplimiento. Si se usan fondos de la empresa para fines particulares y no pasa nada, esas políticas son papel mojado.

Muchos escándalos se habrían evitado en empresas y organismos públicos, si estuvieran claras y arraigadas estas políticas, y si su incumplimiento llevara asociado la sanción proporcionada. Hasta el jueves que viene, y os recuerdo que podeis enviar un email a esta dirección los que querais inscribiros en la reunión de lectores del blog del 4 de diciembre.

  1. Caba Robletto
    noviembre 13, 2014 en 10:55 am

    Bajo mi punto de vista, el comportamiento (actitud) de las políticas Institucionales y las de servicios deben coincidir en el mismo fin (no veo razón para seccionarlas en dos grupos diferentes). Creo también muy recomendable y me atrevo a decir que prescindible que debe existir un código ético escrito, (subrayo lo de escrito) donde cada cual este al corriente del código ontológico y no pueda alegar ignorancia ante una línea a seguir de La Empresa. (Suponemos que la referida Empresa conlleva valores éticos y morales de primer nivel, en caso contrario ya sabemos lo que tenemos que hacer…).

    Por otro lado la climatología regional marca el comportamientos de las personas; ejemplo la zona Sur mediterránea de los países, marca un tarana en hacer las cosas, muy diferentes que las zonas al Norte. En la Zona la picaresca tiende hacerse patente. En América latina, el “juega Vivo” está a la orden del día.

    En cuanto a las sanciones, habría que ser racional, severo y seriosos a la vez: Despedido.

    Conclusión: La base del trabajo esta en una buena educación y en el compromiso con los demás.

    Gracias por la atención, Buen Fin de Semana a todos/as, Ramón.

    • noviembre 14, 2014 en 9:55 am

      Gracias Ramón, la razón por la que creo que debe haber dos tipos de políticas es porque no son las mismas las responsabilidades de un directivo que las de un empleado. Por ejemplo en un crucero en Barco, al pasajero se le debe exigir no emborrcharse, por ejemplo, pero al capitán del barco, en caso de naufragio se le debe exigir ser el último en abandonarlo en los botes, cosa que no se les puede exigir a los camareros o pasajeros.
      Muchas gracias,
      Miguel Angel

  2. noviembre 13, 2014 en 11:10 am

    Precisamente ayer debatía con un amigo sobre la utilidad o no de las líneas de denuncia en grandes corporaciones y empresas como mecanismo de evitar el “todo vale”

    La idea de estas líneas es que cualquier empleado pueda denunciar irregularidades (desde situaciones de acoso, a malas prácticas contrarias a la organización o hasta prácticas ilegales). Lo cual refuerza claramente el incentivo de todos los trabajadores de una empresa de cumplir con las políticas y leyes establecidas.

    Se supone que estas líneas garantizan una investigación exhaustiva del hecho denunciado y garantizan el anonimato y total inmunidad para el denunciante.

    He comprobado la eficiencia de estas y aunque es cierto que no inmunizan del todo, la posibilidad de tener “chivatos” en la organización ayuda mucho a reforzar frente a todos los empelados, el compromiso de la empresa de combatir conductas poco honestas o delictivas.

    La cuestión es acompañar estas políticas institucionales y de servicio en las organizaciones de instrumentos que faciliten aplicarlas.

    Muy apropiado tu artículo de hoy.

    saludos

    • noviembre 14, 2014 en 9:57 am

      Totalmente de acuerdo Ramón con lo que dices. Yo no llamaría chivatos a los qu edenuncian comportamientos inaceptables. LOs llamaría veladores de la integridad.
      Muchas gracias por tu participación,
      Miguel Angel

  3. SAR
    noviembre 13, 2014 en 5:04 pm

    Buenas tardes a todos:

    Nuevamente gracias por su post, profesor Ariño.

    En mi opinión, si la sociedad tiene inquietud por los comportamientos en instituciones públicas y centros privados, debería realizarse un enfoque ampliado: parece inexcusable la generación, a través de la educación en valores, de un “clima ético y moral” que evitara, o al menos redujera, comportamientos inadecuados.

    Posteriormente se debería concretar para cada empresa según su enfoque, aunque ya tendríamos mucho camino recorrido con la educación.
    Otras dos claves serían: el control y la sanción.
    En resumen: educación en valores, políticas institucionales y de servicios, control y, en su caso, sanción correspondiente.

    Un cordial saludo,

    SAR
    @salonso

    • noviembre 14, 2014 en 9:58 am

      Santiago, muy acertado lo que dices. es fundamental la educación en valores, y después, el control y la sanción,
      Gracias y saludos,
      Miguel Angel

  4. mercastello
    noviembre 14, 2014 en 12:28 am

    Miguel Angel, esto es muy interesante. ¿Puedo ofrecer el tema para que escribas una columna en Expansión o en EL País? ¿Cómo lo ves? Gracias

    • noviembre 14, 2014 en 9:58 am

      Gracias Mercedes. hablemos del asunto por teléfono,
      saludos,
      Miguel Angel

  5. noviembre 14, 2014 en 1:07 am

    Estimado Miguel Ángel:

    De acuerdo con el mensaje que quieres transmitir, pero no estoy de acuerdo con lo que escribes respecto a que “estas políticas no necesariamente tienen que estar escritas”; aunque luego aclaras: “De todas formas, si están escritas mejor”.

    Si no están escritas el conflicto está asegurado. Lo mejor es que haya un listado claro y preciso de “los comportamientos que son inaceptables en esa organización”. Indicando las sanciones correspondientes.

    Respecto a los políticos, las consecuencias de sus actos deben ser aún mayores ya que ellos son los que hacen las leyes. Incluso aunque no estén de acuerdo con ellas, son los máximos representantes del Estado de derecho y están obligados a respetarlo.

    Siempre es mejor que las leyes, normas y reglamentos sean breves y precisos, para evitar malos entendidos y dobles lecturas.

    Disfruten de su reunión.

    Saludos limeños.

    • noviembre 14, 2014 en 10:01 am

      Gracias Manuel, lo de escribirlas o no, lo digo porque es imposible reflejar los criterios de buen comportamiento en un listado. Debe prevalecer el sentido común, y el buen hacer y lo que es aceptado en una organización debe ser algo que esté institucionalizado en el quehacer diario. Debe ser algo que se palpa en la cultura de la empresa. Luego si se escribe, mejor, pero esos códigos nunca reflejarán perfectamente lo que s aceptable y lo que no lo es. ya sabes. “hecha la ley, hecha la trampa”,
      gracias y saludos,
      Miguel Angel

  6. noviembre 17, 2014 en 11:20 am

    Querido Miguel Angel, he tenido que realizar muchos trainings dirigidos a los nuevos empleados, normalmente grupos de chicos y chicas jóvenes con un alto nivel educativo. En los cursos, entre otras cosas, se recogían las políticas de la empresa y se detallaba con extrema claridad, en especial en lo que se refería a trato con cliente y lo que se podía aceptar porque era un detalle y lo que era inaceptable. En caso de duda, debían preguntar siempre a su jefe. Las equivalencias en cantidades monetarias eran muy bajas.

    Los nuevos empleados agradecían mucho esos detalles ya que eran situaciones en las que no se habían encontrado nunca y así tenían una guía clara.

    Estoy de acuerdo en que el sentido común y el sentido de la honestidad debe imperar, pero refrendar y dar conocimiento de esas políticas ayuda.

    Patricia Ferrando

    • noviembre 17, 2014 en 4:59 pm

      Muchas gracias Patricia, por ponernos una situación vivida que refleja lo que observamos los académicos. Por cierto, al decir que en el IESE hemos desarrollado esos dos conceptos, fue Juan Antonio Pérez López, a quien conociste y te dió clase, quien los ideó.
      Saludos,
      Miguel Angel

  1. diciembre 18, 2014 en 8:01 am
  2. marzo 5, 2015 en 8:01 am

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