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Valor económico de la confianza

La confianza no es un bien económico. No se puede ir al supermercado y comprar un kilo de confianza. Si lo fuera su precio estaría por las nubes. El que no sea un bien económico no significa que no tenga valor económico. Las empresas en las que hay confianza entre directivos y empleados, no hay que controlar. Se sabe que la gente va a realizar el trabajo que le corresponde. Estas empresas se pueden ahorrar el coste del control. Si hay confianza, las personas están dispuestas a hacer lo que haga falta por su empresa. Sabe que la empresa les tiene en cuenta.

A nivel de sociedad, si hubiera confianza, si todo el mundo fuera digno de confianza, no necesitaríamos cerrar con llave las casas ni lo coches ni nada. Se viviría mucho mejor. Una familia solo se sostiene sobre la base de la confianza entre marido y mujer. Confianza que se traslada a los hijos. En definitiva, la confianza no es ningún bien económico, pero tiene un gran valor económico.

Por tanto, todo lo que puedan hacer las empresas por invertir en confianza serán inversiones rentabilísimas. Lo que pasa es que no hay dinero que pueda comprar la confianza. Estas inversiones no son económicas. Son inversiones en uno mismo. Uno es confiable o no lo es. Uno es confiable en la medida en que tiene en cuenta el impacto de sus decisiones en los demás. En la medida en que cumple sus compromisos. En la medida en que valora, de modo real y no verbal, a las personas de su alrededor. La confianza se gana. Se la otorgan los demás a uno. Uno todo lo que puede hacer es ser confiable. Así que invertir en confianza es invertir en uno mismo. Hasta el jueves que viene.

Toma de decisiones y escalas de valores

abril 28, 2011 49 comments

En un comentario a mi entrada de la semana pasada, Fernando Núñez me sugería que hiciera alguna reflexión sobre las decisiones que tomamos y su relación con la escala de valores que cada uno tiene. El tema es de sumo interés y muy profundo. Los valores son los principios de actuación por los que cada uno se rige. Cada uno decide según su escala de valores. Pero tenemos que cerciorarnos  que tenemos una escala de valores correcta. Los valores son las cosas que valen y nuestra escala de valores son las cosas que nosotros valoramos, y si lo que nosotros valoramos no son cosas que valen, nuestra escala de valores estará equivocada y por tanto nuestras decisiones y actuaciones serán incorrectas. Es por tanto importante que nos preocupemos de valorar las cosas que realmente valen.

Los valores son objetivos y mis valores son subjetivos. Sí, sí, has leído bien por muy contracultural que suene: existen valores objetivos. La honradez, el respeto a los compromisos adquiridos, la justicia, etc. son valores. Si en nuestras decisiones no tenemos en cuenta que hay que ser honrados, respetar los compromisos adquiridos, etc. nuestras actuaciones serán incorrectas. Nos saldrán las cosas mal. Es por tanto muy importante que nos cercioremos que valoramos lo que realmente vale para no construir nuestra vida sobre principios erroneos. Recuerda que en el mensaje de la semana pasada decíamos que cada uno somos la historia de nuestras decisones.

La idea que acabo de exponer está avalada por Benedicto XVI, que tiene como uno de los objetivos de su pontificado el combatir el relativismo, el todo vale. No, no todo vale. Engañar no vale. En verdad valores solo hay uno: la persona humana. La persona es el único valor intrínseco. Los demás valores son valores en la medida en que sirven a la persona.

El poeta Antonio Machado también defiende esta idea, aunque continuaré hablando de esto la semana que viene, pues todavía hay muchas cosas que decir. Solo añadir un par de ideas muy útiles para los tiempos que corren: la primera es que la lealtad a los compromisos que uno ha adquirido con su conyuge es un valor. Quebrantar este valor tiene dramáticas consecuencias tanto a nivel personal como social. La segunda es mostrar la importancia de educar en valores a los jóvenes. Que aprendan a valorar lo que realmente vale. Les va en ello su felicidad personal y el mundo que construimos.

Sobre este tema he pensado mucho, y los comentarios, como siempre, serán bienvenidos. Cuando hablo de esto en mis clases a los alumnos se les ponen los ojos como platos. Adios,

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