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Fe y razón

Este verano he dedicado la primera semana de julio a hacer los últimos 114 kilómetros del Camino de Santiago. Todo el que lo haya hecho sabe que, al menos en los últimos años, es imposible perderse. Está perfectamente señalizada la dirección. Basta con seguir las abundantes flechas amarillas.

Todo esto me ha hecho reflexionar sobre la fe. Cada vez que seguía la dirección de la flecha hacía un acto de fe. No había manera de saber ni por evidencia ni por razonamiento, que esa era la dirección correcta. Puro acto de fe. Sin embargo, ese acto de fe no iba contra la razón. Era razonable hacer ese acto de fe. Lo irracional habría sido no seguir las flechas.

Digo todo esto porque oigo a veces decir que el progreso de la ciencia y de la técnica ha superado el tener que creer. El hombre es ya maduro y no necesita de creencias. La fe es algo de épocas pasadas y es algo que la ciencia ya ha superado. No puedo estar más en desacuerdo con esa tesis. La fe es un modo de conocer. Un modo distinto del conocimiento por razonamiento o por evidencia, pero un modo de conocer. Y, como muestro en el ejemplo del Camino de Santiago, no se contradice con la razón sino todo lo contrario. Es más, para no creer algo hay que tener fe en que ese algo no es cierto. No nos podemos librar de la fe como modo de conocer. Además, cualquier científico basa su ciencia en cosas aportadas por científicos en épocas pasadas, tiene por tanto fe.

¿Por qué esta desacreditación de la fe, cuando es lo más razonable y cualquier buen científico lo debería reconocer? Pues porque el hombre en su soberbia no quiere reconocer que hay cosas que no puede conocer por sus propios medios y reniega de la fe. También porque la fe nos compromete en un modo de vivir, una moralidad, que muchos no están dispuestos a aceptar. “Food for thought” como dice los anglosajones. Hasta el jueves que viene y feliz vuelta al trabajo.

Contradicción

abortarDurante las últimas dos semanas los telediarios en España han estado informándonos minuciosamente del rescate de un niño de dos que se había caído a un pozo de unos 100 metros de profundidad y menos de un metro de anchura. No se han escatimado esfuerzos hasta encontrarlo. 15 días de excavaciones, con final poco feliz.

Afortunadamente estamos en un país desarrollado y se han podido desplegar todos los medios que han hecho falta para su rescate. Una vida no tiene precio y por salvarla hay que hacer todo lo posible, como en este caso se ha hecho.

Lo que sorprende es que simultáneamente mucha gente, ni mucho menos la mayoría de la población, justifique el aborto. ¿Qué diferencia hay entre un ser vivo de 6 meses de embarazo y cualquier otro?

Un ser humano vivo es un ser humano vivo con independencia de su edad. Dotar derecho a unas vidas y no a otras es una contradicción. Esta contradicción se se explica, entre otras muchas posibles causas, por el sentimentalismo que impera en muchas personas.

El sentimentalismo no es buen consejero a la hora de tomar buenas decisiones. Hay que usar la razón. Dejar que tu hijo haga lo que quiera para no incomodarle en lugar de exigirle que estudie es un nefasto sentimentalismo que lo pagará el chaval cuando sea mayor y nadie le haya exigido prepararse para ejercer una profesión. Ojo con el sentimentalismo. Actuemos con la razón. Pensemos. Hasta el jueves que viene.

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