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Etica

saltarAlguna vez ya he comentado que la portada de atrás de La Vanguardia, el periódico de más solera de Barcelona, es la sección más leída de este periódico. Le llaman “La Contra”. Nos referimos a ella como “La Contra de la Vanguardia”. Allí cada día entrevistan a alguien que se supone tiene algo interesante que decir.

En la entradilla del artículo ponen unas referencias sobre el entrevistado, para que el lector se sitúe de quien es. Muchas veces en esa entradilla el entrevistado expone sus creencias. En una de las entrevistas de hace unos días el entrevistado decía, que sus creencias, su escala de valores era la ética.

¿La ética? ¿Qué ética? ¿Y si mi ética me dice que robar es bueno? ¿Y si mi ética me dice que tener aventuras con la vecina es bueno? ¿De qué ética estamos hablando? ¿Qué es lo que fundamenta la ética?

Yo creo que al hablar de ética hay que profundizar un poco más. No todas las éticas valen. El hombre tiene una naturaleza. La naturaleza del hombre le permite andar, pero no le permite volar. Si uno intenta volar saltando desde un edificio, evidentemente es libre de hacerlo, pero como eso va en contra de su naturaleza, se pegará una buena bofetada de consecuencias seguramente irreparables.

La ética debe estar fundamentada en la naturaleza del hombre. No toda ética vale. Una ética que me deteriore como persona, que me haga mala persona, es una ética que no vale. Por tanto, para hablar de ética hay que hablar de la naturaleza del hombre, qué es lo que se adecúa a mi naturaleza y qué es lo que no se adecúa.

Y ahora viene una pregunta fundamental cuya respuesta determina la vida de una persona. Determina su desarrollo o su deterioro. ¿Cuál es la naturaleza del hombre? ¿Quién le ha dado al hombre esa naturaleza? ¿Nos la hemos dado nosotros mismos? ¿Tanta es nuestra soberbia que nos negamos reconocer nuestra dependencia de Dios?

Y esto no va por la persona que entrevistaron en La Vanguardia, pues en una entrevista de esas características no hay espacio para estas profundidades. Pero esa entrevista me ha dado pie al mensaje de esta semana. Hasta el jueves que viene, que a ver si podemos empezar a salir de casa los que vivimos en España.

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Toma de decisiones y humildad

Tour de FranciaCuando era pequeño, a principios de los setenta el Tour de Francia o la Vuelta la seguíamos a través de dos reportajes de 10 minutos que daban después de los telediarios del mediodía y de la noche. Ahora se puede seguir en tiempo real cada etapa, saber a qué distancia va el pelotón del líder, la velocidad en cada momento y un montón de detalles más. Entonces la programación informática se hacía  perforando unas tarjetas que ahora solo se pueden ver en los museos. No había pantalla ni nada. Ahora todo esto se hace a golpe de click y sin estudios universitarios. El viaje de Zaragoza a Barcelona no bajaba de 6 horas en el mejor de los casos, fuera en tren o en coche. Ahora el AVE nos traslada en menos de hora y media.

El desarrollo tecnológico que ha habido en las últimas décadas ha sido espectacular e inimaginable hace unos pocos años, y sin embargo a mi me parece que la gente no es más feliz. Disfrutamos de más comodidades, de mayor nivel económico -a pesar de la crisis-, pero me parece que falta paz en muchas vidas, que hay mucha soledad en medio de la muchedumbre, muchas familias destrozadas. Mucha desconfianza mutua y mucha gente intranquila.

Yo creo que todo esto se debe en parte a que el espectacular desarrollo tecnológico no ha ido acompañado por un desarrollo moral tanto a nivel personal como social. El desarrollo tecnológico ha hecho creer a la humanidad que podía controlar la naturaleza. Que la inteligencia y el ingenio humano podía dominar el mundo. Esta fe ciega en la capacidad de la humanidad ha hecho prescindir de Dios. Ha hecho prescindir de las leyes que Dios ha colocado en la naturaleza humana. Es ahora el hombre el que dice qué es el bien y qué es el mal. El hombre en una inmensa manifestación de soberbia se erige en dios. Y así nos va. De ahí la perplejidad por nuestra incapacidad de superar la actual crisis económica. De ahí la inseguridad, intranquilidad y falta de paz en muchas vidas. Se ha sustituido la ley de Dios por la de cada uno.

Los diez mandamientos no son limitaciones al desarrollo de la persona, sino que precisamente son las guías que garantizan un desarrollo moral. Solo avanzaremos cuando en las culturas, en las civilizaciones y en la personas el desarrollo tecnológico y el humano vayan a la par.

Algo profundo me ha salido el mensaje de esta semana. Pero esto es algo sobre lo que Juan Pablo II me ha hecho reflexionar mucho. Hasta el jueves que viene.

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