Leí el otro día, en una de las secciones más leídas de La Vanguardia, una entrevista a un personaje relativamente conocido en España. Preguntado por sus creencias dice “Dios no lo hace bien, me defrauda”.
Una actitud así denota un poco de soberbia. Parece que es uno el que posee la verdad y que sabe qué es lo bueno y qué es lo malo. Yo aconsejo a todo el mundo que adquieran y practiquen la virtud de la humildad, que entre otras cosas implica admitir que uno puede estar equivocado. La persona soberbia, el que lo sabe todo, el que nunca se equivoca provoca rechazo en los demás además de risa cuando se equivoca.
Admitir que uno puede estar equivocado genera cercanía, que uno es como los demás, que no es superior. Además el humilde cuando se equivoca no le cuesta rectificar y no provoca esa risa, sino comprensión por parte de los demás. Creo que la humildad es una virtud especialmente necesaria para los jefes, pues facilita que los demás confíen en él.
Jefe, no tenga miedo a mostrar que puedes equivocarte. Tu gente te verá como un ser humano. Hasta el jueves que viene.
Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.
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Añadiría que el humilde es más feliz. Creo que las cosas que más hacen sufrir son la soberbia y la envidia. Agotan.
Totalmente de acuerdo Rafa, Saludos y gracias,
Miguel Angel