A decidir se puede aprender (II)

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A andar se aprende andando. A nadar se aprende nadando. Pero a tomar bien las decisiones no se aprende sólo tomando decisiones. Se aprende a decidir, cuando se interiorizan unos principios básicos, que son los que pretendo ir describiendo en este blog. La aplicación de estos principios creará en nosotros un hábito que hará que en muchos casos podamos decidir casi intuitivamente. Decidir bien cada vez nos será más fácil, y estaremos muy prontos a corregir los errores y a aprender de ellos.

Por el contrario, cuando no seguimos esos principios básicos de la toma de decisiones, sólo podemos aspirar a decidir y esperar a ver que pasa. Dejaremos la solución de los problemas al cuidado de la suerte. Cuando nos salgan las cosas bien, nos atribuiremos el éxito, pensando erróneamente que el hecho de que el resultado haya sido favorable es prueba de que hemos decidido bien, descartando  la existencia del azar. Por el contrario, cuando nos salgan las cosa mal, estaremos perplejos y sin saber por qué ha sido así.

Pero si la buena marcha de su compañía es a causa del azar favorable usted ¿qué está aportando?. La suerte es quien dirige su compañía y no usted, y que la suerte dirija su compañía es muy peligroso, pues ésta juega unas veces a favor y otras en contra

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Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.

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