El pasado 28 de abril hubo una interrupción del suministro eléctrico en casi toda España. Se le ha llamado el apagón. La duración fue diversa dependiendo de la localización de cada uno, pero duró entre 5 y 20 horas. Fue un caos. Todavía no se han dicho las causas de la interrupción.
Pero no es de este apagón de lo que voy a hablar, sino de un titular de un periódico de hace algunos días. Ponía en la portada del periódico: “La mayoría de españoles, a favor de alargar la vida de las nucleares”. A mí me parece muy bien que los españoles estén de acuerdo con eso, pero que la noticia sea portada de gran tamaño en el periódico me parece una tontería.
Y una tontería no porque el que se prolongue o no la vida de las centrales nucleares sea un asunto poco importante, sino tontería el que nos informen de la opinión de los españoles. Sobre eso los que tienen que opinar son los expertos. Que digan si hay o no riesgos de accidentes nucleares, riesgos para la salud, si desde el punto de vista económico tiene sentido. Y sobre esos temas, el español medio, entre los que me incluyo poco tenemos que decir. Que lo digan los expertos.
Da la impresión de que todo el mundo puede opinar de todo. Y sí, todo el mundo puede opinar de todo, pero no las opiniones de todo el mundo valen lo mismo. Si alguien toma una decisión basada en mi opinión sobre la energía nuclear, esa decisión será totalmente incorrecta, pues mi opinión sobre ese tema es irrelevante. Para que la decisión sea correcta tiene que estar basada en la información que aporten los expertos.
También me ha parecido una tontería que el gobierno de España hiciera una consulta popular sobre si la OPA anunciada por el BBVA sobre el Banco Sabadell afecta al interés general de los españoles o no. Pregúntese a los que entienden del tema, pero una consulta “urbi et orbe” sobre el tema me parece una tontería. Hasta el jueves que viene que seguiré escribiendo.
Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.
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Gracias MA, exactamente esto mismo pasa en mi sector (farmacéutico). En temas que afectan a su salud es sorprendente/preocupante la confianza que tienen algunas personas en las recomendaciones que reciben de vecinos, amigos, familiares, conocidos e incluso de desconocidos. Todo el mundo parece saber de todo!.
Efectivamente, una vez escuché a un experto en asuntos de farmacias que explicaba porqué las familias tienen tantos fármacos en casa. Fármacos caducados y ya inútiles. Decía, una persona se encuentra mal, lo comenta con la vecina que le diagnostica y le prescribe un fármaco. acude a la farmacia, lo compra, lo medio usa y allí se queda. Todos somos expertos.
Otra vez en una reunión informal entre amigos tratamos diversos temas, al acabar le comenté a uno que era especialista en uno de los temas, ¿Por qué no has intervenido? y me dijo, para que los que no saben del asunto me discutan lo que yo si sé, para eso prefiero no intervenir.
Efectivamente, no todas las opiniones valen lo mismo.
Muchas gracias Esperanza por participar.
Saludos,
Miguel Angel
Hola
Me temo que pasamos por alto que la decisión, en el caso de las nucleares, es del Gobierno y el Gobierno vive de los votantes que, paradojas de la vida, no querrán nucleares como tampoco estarán por la labor de pagar el diferencial de precio que supone prescindir de ellas. (el votante, como en Roma: pan y circo) Del mismo modo, la producción vive de la aceptación del producto o servicio por parte del cliente y covendrá disponer de estudios previos al lanzamiento de nuevos productos; ahí sí, el potencial cliente es el «experto»
Dicho lo anterior en plan «Pepito Grillo», estoy totalmente de acuerdo en que se consumen muchos recursos en estudios de opinión del todo innecesarios y prescindibles. En el caso de los patrocinados por partidos políticos deberían, en mi opinión, estar tan prohibidos como real es que el programa político de un partido no supone ningún compromiso legal (recuerdo un asunto en tribunales de alrededor de 1980) con absolutamente nadie. ¡Ah!, si el personal fuera consciente de que toda la información que se recaba (incluso la que se cede graciosamente o inadvertdamente), suele jugar en contra suyo
Saludos
Muchas gracias anónimo por darnos tu opinión sobre este tema. Efectivamente el tema de la información que usan los políticos es paradigmático.
Saludos,
Miguel Angel