Una elemental medida de prudencia a la hora de tomar decisiones es pedir consejo y dejarse aconsejar. Pero hay que saber a quien pedir consejo. Hay una frase en el evangelio de San Mateo que me parece muy oportuna, dice “Cuando un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el hoyo”. Efectivamente, si la persona a la que pides consejo no es la adecuada, mal vamos.
Y esta persona puede no ser la adecuada por muchas razones. A veces más que pedimos consejo vamos a validar nuestras ideas y por eso las contrastamos con quien ya sabemos va a estar de acuerdo. Otras veces comentamos nuestras ideas porque queremos compartirlas con alguien, pero, por supuesto, ya sabemos de antemano que las vamos a llevar a cabo con independencia de lo que le pueda parecer a esta persona. En otras ocasiones no lo sabemos, pero vamos muy despistados y pedimos el parecer a alguien que no es competente para opinar sobre el asunto. Este es el caso paradigmático del ciego que guía a otro ciego.
Contra esta mala práctica el consejo es dudar de nuestras suposiciones y de lo que pensamos y acudir honestamente a que nos puedan dar razones para mantener nuestra postura o cambiar de opinión. Los demás no son tontos y contar con la opinión de las personas adecuadas me parece algo fundamental.
Y una última recomendación, pide y escucha los consejos solo de personas que te quieran. Esos son los más valiosas por desinteresados. Un consejo dado por alguien con quien no mantengáis mutuo aprecio tiene muchísimo menos valor. Hasta el jueves que viene.
Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.
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Gracias MA. Qué importante lo que dices!. Cuanta gente hay que sólo busca palmeros!. Yo, como consultora de empresas ya aviso antes de empezar cualquier proyecto. Voy a decir lo que veo guste o no guste. También digo que lo que yo vea no es infalible, pero se basa en mi conocimiento y experiencia (que entiendo es por lo que me contratan). Pero qué mal se toman algunas empresas/directivos que les enfrentes a algunos datos y realidades que contradicen sus ideas preconcebidas….El otro día, en una empresa Start-Up a la que ayudo, uno de los miembros del equipo me comentó: «consultores que te dicen lo que quieres oír hay muchos». Claro!, a esos consultores no les va ni el futuro ni el negocio en ello…pero que poco ético y que poco profesional. Ahora bien, ¿quien tiene la culpa? tanto el que da la razón como el que la recibe sin cuestionarla. Peter F. Drucker cuenta (entre otras muchas cosas) que Alfred P.Sloan (CEO GM) decía en sus reuniones «Gentlemen, I take it we are all in complete agreement on the decision here» cuando todos asentían Sloan añadía «Then, I propose we postpone further discussion of this matter until our next meeting to give ourselves time to develop disagreement and perhaps gain some understanding of what the decision is all about».
Perdón por el rollo
Nada de rollo Esperanza muy interesante lo que dices, sobre todo porque viene de unaexperimentada persona que conoce muy bien los asuntos de los que habla. Conocía la anecdota d eAlfred Sloan y a veces la cuento en clase.
Gracias Esperanza y feliz navidad,
MIguel Angel
Les propongo un salto en el tiempo de medio siglo hacia atrás. Aquella época cuando yo era un infante y con la semana entera dedicada de lleno a los estudios. Recuerdo que cuando llegaba el fin de semana, a veces el viernes o el sábado, en acabar de cenar, mi padre me secuestraba (creo que era algo así porque para ello se debía «enfrentar» un poco con mi madre) para llevarme de acompañante a dar una vuelta al pueblo. El caso es que para mí, salir de noche, a caminar un poco, para finalmente terminar en uno de sus bares llenos de gente, era de lo más enigmático. Veía al entrar como todos estaban llenos de hombres, jugando a las cartas, al dominó, al ajedrez, al billar, tomando cafés, copas, fumando, leyendo el diario, hablando animosamente, formando grupos abiertos, pero hablando mucho,… Eso era lo más normal en la vida de un pueblo de entonces, pero a mí me daba la impresión de que era como otro mundo muy distinto al de durante el día. Pasado un tiempo, llegó un día en que se me ocurrió preguntar: «¿Porque hacemos esto de salir de noche, para ir a un bar lleno de gente, que no paran todos de hablar y hablar…?» Y la respuesta de mi padre jamás la he olvidado, pues me dijo: «Hacemos esto porque así nos enteramos de los sucesos que han ocurrido durante el día, y también porque es la oportunidad de hablarnos entre todos y de poder ayudarnos unos a otros aclarando dudas, problemas, encontrando consejos,…». Ciertamente que en aquéllos tiempos había poquísima información, los medios eran muy limitados, las comunicaciones muy restringidas, las redes sociales ni en sueños,… (lo más aperturista que había eran las Páginas Amarillas con un montón de soluciones allá a lo lejos). Por tanto, sólo cabía la posibilidad de que terminada la jornada, los vecinos pudieran encontrarse reunidos en el bar, donde era posible conversar sobre los asuntos y las preocupaciones, buscando dar con aquella persona que más preparación y conocimientos podía aportar. Algunos ejemplos de estas conversaciones eran: de salud con el médico, farmacéutico,… del coche con el mecánico, el transportista, el chófer,… de reparaciones con el ferretero, el electricista, los operarios,… de legales con funcionarios, titulados,… de cultivos con el campesino, el frutero,… de animales con el veterinario, el ganadero,… de conciencia con el Mossén, sus acólitos,… de malos resultados con banqueros, viajantes,… (espero no escandalizar a la Consultora Dña. Esperanza, quien hizo su comentario más arriba, por este intrusismo de aficionados… pero era la única opción posible). En los casos complicados y que requerían diagnosis lógicamente se debía concertar una consulta profesional, pero para pequeñeces y dudas sencillas la tertulia barista era una solución excelente. Me parece útil haberlo contado a ustedes, porque se dan tres aspectos interesantes: 1) Había necesidad de consejos, en realidad siempre los seguiremos necesitando, 2) Se buscaba ir directamente a la persona más formada o preparada (aunque a veces esto implicaba tener que ir a varios bares o salir varias noches) y este especialista en la actualidad sigue siendo imprescindible, y 3) Quizás el punto más importante: eran personas conocidas, que daban consejos probados, bienintencionados, altruistas, generosos,… aquellos que nos dan los amigos y las personas con principios. Nunca había intención de engañar, de falsos conocimientos, de perjudicar, de enriquecerse,… Todos eran vecinos, compañeros, colegas, con preocupaciones similares, con ganas de ayudarse entre sí. Por encima de todo estaba la lealtad y la convivencia. Aunque a mí en aquellas salidas me vencía el sueño, puedo asegurar que la lección la aprendí perfectamente. Disculpen tanta extensión. Otro día les contaré cómo lo hacían los mecánicos de entonces… era algo increíble. Saludos, Xavier
Muchas gracias Xavier por tu comentario. No contradice lo que dice Esperanza más arriba, sino que lo complementa. Las vivencias que tú nos cuentas es más que parapedir consejo para saber lo que pasa en tu entorno, lo cual es también muy importante para estar bien situado.
Muchas gracias por tu comentario, y feliz navidad,
Miguel Angel