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¿Resolver un problema o perseguir un objetivo?

Trabajo en equipoLos hombres y mujeres tomamos decisiones tanto en el plano personal como dentro de las organizaciones. Las decisiones más relevantes afectan a personas. Cuando partimos de un problema que queremos resolver, normalmente las decisiones que tomamos acaban generando situaciones problemáticas. Si hay un problema a resolver, normalmente las personas afectadas ven las cosas de distinto modo y dependiendo de la decisión unos quedan más beneficiados y otros menos. Total que el conflicto queda patente o latente.

Empezar por resolver un problema que existe es un mal modo de tomar decisiones. Ante una situación hay que empezar aclarándose con cuales son los objetivos. Hay que encontrar cual es el objetivo común a conseguir en el que las distintas partes implicadas estén de acuerdo. Mientras no se tenga este objetivo común, cualquier discusión está llamada a fracasar.

Una vez aclarado el objetivo común a conseguir se trata de generar alternativas y razonar sobre cuál es aquella con la que se avanza mejor hacia el logro de ese objetivo común. Si esa decisión intenta conseguir ese objetivo común todas las partes se comprometerán en su logro. Normalmente, con este modo de decidir el problema que se presentaba desaparece. Si se empieza planteando la situación problemática normalmente cualquier solución que se aplique será problemática.

¿Qué pasa si no se encuentra ese objetivo común? Pues que hay que seguir pensando hasta encontrarlo. Mientras no lo haya no se puede avanzar de modo constructivo. Este es el siempre el primer paso.

Parece una perogrullada lo que he expuesto esta semana, pero quizá nos hubiéramos ahorrado mucha tinta y mucha discusión si este procedimiento se hubiera aplicado a la relación entre Catalunya y el resto de España. También este método es muy útil para resolver los conflictos que pueden surgir dentro del matrimonio, y por supuesto en las decisiones empresariales.

Aprovecho para deciros que el miércoles que viene 7 de octubre doy una conferencia en el IESE en Madrid sobre “Las tres causas más comunes por las que fracasan las empresas y como enfrentarnos a ellas

La calidad ¿Siempre tiene un coste?

calidadSe piensa que las cosas de mayor calidad siempre tienen un coste mayor. Esto es cierto en algunos casos, pero en muchos otros no.

Por ejemplo un coche que tenga más funcionalidades que otro más sencillo lógicamente tendrá un mayor coste y por lo tanto deberá tener un mayor precio. En cambio, un aparato que tenga bien apretados los tornillos será de mayor calidad que uno similar que tenga algún tornillo suelto, y sin embargo el coste de hacerlo de una manera o de otra es el mismo. Una cosa se puede hacer bien o hacer mal con mismo coste y sin embargo la calidad en un caso será muy distinta al del otro.

Este sencillo principio no solo aplica a la fabricación de productos. Cuando un trabajo consiste en un servicio, hacerlo con amabilidad, con una sonrisa e interesándose por el receptor del servicio tiene el mismo coste que hacerlo malcarado y con prisas. Es más, quizá se pueda decir que en este caso hacerlo mal tiene un coste superior debido a que quizá el cliente no vuelva. Lo que siempre tiene un coste es hacer las cosas mal.

Y sobre todo este principio aplica fundamentalmente a nuestro trabajo. Trabajar bien da unos resultados de excelente calidad y el esfuerzo que supone hacer las cosas bien o hacerlas mal muchas veces es el mismo. Hasta el jueves que viene.

Os dejo información de una iniciativa que me parece muy interesante para ayudar a los cristianos de Irak por si alguien quiere participar

La gente se comporta según la tratas

pigmalionEs algo que me contaron hace muchos años y me pareció curioso y poco realista, pero con el paso de los años he ido comprobando que es así. Si un jefe trata a un colaborador como si fuera tonto, este colaborador acabará actuando como un tonto. Si lo trata como una persona muy capaz, esta persona acabará dando lo mejor de sí misma.

No estoy diciendo que cuando un jefe trata a un colaborador como tonto, su colaborador se convierta en tonto. No. Puede que sea muy inteligente y capaz, lo que pasa que acabará actuando como un tonto, ya que su jefe solo será capaz de percibir actitudes estúpidas por parte de este colaborador. Podrán ser actitudes muy válidas, pero el filtro con el que las mira el jefe las muestra como estúpidas, y por eso el colaborador acaba actuando como un tonto.

Lo mismo si ves con buenos ojos a una persona, este dará lo máximo de sí. Más de lo que él mismo se creía capaz de dar. Acabamos actuando según se espera que actuemos.

Además el cómo mira un jefe a uno de sus colaboradores depende en gran medida del primer juicio que este jefe se haya hecho de esta persona, independientemente de que este juicio sea realista o totalmente distorsionado. Por tanto aconsejo ver siempre a las personas como joyas. Las tratarás como tales y estas acabarán actuando como tales. No empequeñezcas a tu gente. Engrandécelas. Hasta el jueves que viene.

No te autoengañes

blancanievesYa he comentado en otras ocasiones que algo esencial para tomar buena decisiones es conocer la realidad, y solemos tener una percepción subjetiva de la realidad sistemáticamente sesgada a nuestro favor. Además no nos damos cuenta de ello.

Se han hecho experimentos y cuando dos personas son coautores de un mismo libro y se pregunta a cada uno por separado qué porcentaje del libro se debe a su propia contribución, la suma de lo que dicen ambos es siempre superior al 100%. No están mintiendo, los dos autores están convencidos de que cada uno de ellos ha contribuido más de lo que realmente ha contribuido. Lo mismo sucede cuando se pregunta por separado a cada uno de los componentes de un matrimonio qué porcentaje del peso de la casa asume.

En 1923 concedieron el premio nobel de medicina a Frederick Banting y a John Macleod por descubrir la insulina. Cuentan las crónicas que comentando los trabajos realizados, uno de ellos dijo que el otro había sido un estorbo más que una ayuda, mientras que el otro cuando hablaba del descubrimiento ni siquiera mencionaba a su colega.

Sí. Sobreestimamos nuestros méritos y subestimamos los méritos de los demás. Además lo hacemos sin darnos cuenta. Esto siempre nos llevará a ser injustos. Ten en cuenta esta tendecia natural que tenemos todos cuando tomes decisiones.

Prohibido pensar. Es peligroso

septiembre 11, 2014 10 comentarios

decisiones estrategicasHay directivos que valoran la paz en su empresa por encima de todas las cosas. Intentan evitar que haya controversias. Se rodean por tanto de gente que siempre va a estar de acuerdo con él. Intentan a toda costa apagar puntos de vista distintos al suyo.

¿Qué consiguen con esto? Pues que las decisiones que se toman en su empresa no pasan el escrutinio de la crítica. Se llega siempre a un acuerdo enseguida a base de que no se discuten los pros y los contras de lo que se hace. Las decisiones son por tanto de peor calidad.

También consiguen que mucha gente en su empresa se frustre, pues ven cómo alternativas mejores no pueden salir a la luz y discutirse. Estas personas acaban arrinconadas o marchándose. Eso sí, hay gran paz en la organización y nunca hay discusiones. Pero es una paz ficticia. Es una paz fruto del desinterés que se genera en muchos de sus profesionales.

Esto puede pasar en la alta dirección de una empresa o en departamentos más pequeños dentro de las empresas. Si observaras que te pasa a ti, haz algo para corregirlo. No tengas miedo a la gente capacitada que hay a tu alrededor. No seas pequeñito.

Acabo de empezar las clases en el EMBA del IESE y creo que me lo voy a pasar tan bien como en años anteriores.

Lo he vuelto a comprobar

septiembre 4, 2014 16 comentarios

operariosNo hay nada como tratar a la gente con amabilidad para que hasta los más huraños se vuelvan amables. Lo volví a comprobar la semana pasada. Hemos estado haciendo unas pequeñas obras en casa este mes de agosto, y los obreros en un descuido han cortado el cable de internet, el de fibra óptica. Llamamos a la compañía que nos provee el servicio, y se presentó un empleado que no hizo más que quejarse de lo descuidados que son los obreros, del mucho trabajo que tiene, del poco dinero que cobra y de lo mal que está la vida.

Vi una oportunidad. Estaba solo en casa y empecé a interesarme por su trabajo, le ayudé a subir y bajar destornilladores e hilos para que no tuviera que estar subiendo y bajando él de la escalera. Le ofrecí un refresco. Me interesé por su familia, por sus orígenes. Comenté la suerte que teníamos los que por lo menos teníamos trabajo. Todo esto muy lentamente y poco a poco conforme iba realizando su trabajo. Sin atosigar.

Poco a poco se fue apaciguando. Se fue con una sonrisa y dando las gracias. Si a mitad de trabajo no aceptó un refresco, me dijo que iba a empezar a sudar, cuando se marchaba se lo volví a ofrecer y esta vez sí que lo aceptó. Vuelvo a decirlo, no hay como tratar a la gente con amabilidad para que los más huraños se vuelvan amables.

Al poco de marcharse el operario llamaron de su compañía para verificar si había quedado satisfecho con el trabajo. La pregunta final era valoración de 0 a 10. Propuse un 10. El operario había hecho muy bien su trabajo.

Conclusión de esta semana, ante un cascarrabias caben dos actitudes, responderle ariscamente e intentar esquivarle, con lo que no se le hace ningún favor, o bien mostrarle vía ejemplo que en la vida se puede ser amable. A mí esto último siempre me da resultado. Feliz vuelta al trabajo.

Imaginación y realidad en la toma de decisiones

equivocarseAl tomar decisiones elegimos una opción u otra en función de la satisfacción que anticipamos nos va a producir cada una de las opciones que consideramos. Pero lo que nos pasa con frecuencia es que una vez que hemos decidido lo que pensamos va a ser mejor, la cosa no nos gusta. No tiene nada que ver con lo que pensábamos que nos iba a gustar.

Las  cosas en la realidad son distintas de cómo nos las imaginábamos a priori. Podemos llevar varios años pensando en hacer un crucero un verano por las islas griegas, y cuando por fin conseguimos hacerlo la experiencia no es gratificante como esperábamos.

A veces también pasa que no es que nos equivoquemos al calibrar cuanto nos va a gustar cada una de las alternativas, sino que cambia nuestra escala de preferencias. Lo que nos gustaba en un momento dado nos gusta menos pasado el tiempo. Uno puede estar ilusionado con una determinada profesión, abogado, arquitecto, profesor… hace los estudios que le conducen a esa profesión y posteriormente se dedica a otra cosa en la que ve más oportunidades.

Estas dos cosas hay que tenerlas en cuenta cuando decidimos. En vez de pensar cuanto nos gusta ahora esta realidad futura que estamos imaginando, hay que pensar hay que pensar cuanto nos gustará en su día esa realidad cuando realmente se dé. Tomaremos mejores decisiones.

De todas maneras a veces la vida da sorpresas. Yo a los siete años ya sabía que quería ser profesor, y a los quince que quería ser profesor universitario. Ahora que ya lo soy puedo decir que las satisfacciones de esta profesión son muy superiores a las que anticipé en su día cuando la imaginaba. Hasta el jueves que viene.

La viga en el ojo

decisiones estrategicasEn otras ocasiones ya he hablado de que una de las cualidades más importantes de un directivo es conocer bien la realidad. Es imprescindible para tomar buenas decisiones. Y una de las dificultades que con frecuencia nos impide conocer bien la realidad es que magnificamos los defectos ajenos y minimizamos los nuestros. Es la famosa cita del evangelio que dice que nos fijamos en la mota del ojo ajeno y no nos damos cuenta de la viga que tenemos en el nuestro.

Hemos de ser personas de mentalidad abierta. Ser críticos con nosotros mismos. Estar abiertos a la posibilidad de que estemos equivocados, y a la posibilidad de que los demás tengan razón. Si tenemos esa actitud nuestras decisiones serán mejores. Por un lado a veces adoptaremos propuestas de otros, que nunca contemplaríamos si pensáramos que nosotros siempre tenemos razón.

Por otro lado, las propuestas nuestras que mantengamos habrán sido comparadas con propuestas de otros y honradamente habremos visto que la nuestra es mejor, por lo que tendremos más confianza en que estamos actuando bien. Nuestras decisiones no serán fruto de un juicio personal sesgado, sino que estarán abiertas a posibilidades distintas de las que contemplamos.

Esta actitud que acabo de describir es la contraria que se observa en los políticos. Ellos siempre tienen razón. Basta con que el partido contrario diga una cosa para que yo mantenga la opuesta. Si surgiera un político que gobernara con mentalidad más abierta todos ganaríamos.

Algo se debió hacer mal

sorpresaLeo hace unos días en la prensa que el estado vuelve a tener que inyectar dinero a Paradores de España para mantenerla a flote. Suman ya 134 millones los que ha tenido que desembolsar en el último año y medio. Mi pregunta es ¿no se pudo hacer nada hace cinco años para evitar abocar a la compañía a la situación en que se encuentra?

Creo que en muchos casos las situaciones problemáticas en que se encuentran las compañías son debidas a que en su día no se no se actuó como se debía. Se confía ciegamente en que las cosas mejorarán en el futuro y se aguanta a ver qué pasa. Y lo que suele pasar si no se hace nada es que las cosas empeoran.

Una de las características de calidad directiva es verlas venir y anticiparse a los acontecimientos. A veces oigo a algunos directivos decir algo así como “es que no he tenido otro remedio que…” (despedir a 100 personas, cerrar una planta, o cualquier otro tipo de cosas) y tienen razón. En el momento que se decidieron a actuar ya no tuvieron otro remedio que hacer eso, pero… ¿no podían haber pensado antes, quizá varios años antes, que se podía llegar a esa situación y haber actuado entonces?

La actividad empresarial requiere asumir riesgos y estar preparados para afrontarlos y salir fortalecidos. Lo que no se puede hacer es confiar ciegamente en que las cosas nos saldrán bien. La suerte hay que trabajársela. Y si uno no sabe los escenarios a los que se puede su compañía en los próximos años, que lo empiece a trabajar seriamente. Y si no se está satisfecho con el resultado, siempre puede recurrir a profesionales que le ayudarán a plantear escenarios de futuro. Si muchas compañías hubieran actuado así  hace cinco años quizá ahora les iría mucho mejor.

Hasta el jueves que viene. Os dejo un video que da noticias del IESE de este mes de marzo.

Gestión de riesgos

riesgos estratégicosCuando se llevan a cabo iniciativas, ya sean personales o empresariales, se asumen riesgos. El riesgo es la posibilidad de que una iniciativa dé peores resultados de los que se pretenden. El único modo de no asumir riesgos es no hacer nada. Y aún así nos pueden salir las cosas mal.

Hay tres tipos de riesgos. El primero son los riesgos evitables. Son los riesgos que se corren por hacer las cosas mal, y por tanto se podrían evitar si se hiciesen las cosas bien. El hundimiento del Titanic supuso la materialización de un riesgo que era evitable. Si no se hubieran cometido una series de errores que se cometieron, se habría evitado el choque. Esto lo hemos documentado muy bien en el libro del Iceberg y en diversos mensajes  de este blog.

El segundo tipo de riesgos son los riesgos estratégicos. Una compañía persigue una oportunidad por las posibilidades de beneficio que presenta, aunque finalmente las cosas puedan salir mal, cosa que ya se sabía desde el principio que podía pasar, pero que sin embargo, las posibilidades de éxito aconsejaban asumir ese riesgo y perseguir esa oportunidad. La producción de una película o el desarrollo de un fármaco, e incluso la subida al Everest son ejemplos de situaciones de riesgos estratégicos.

El tercer tipo de riesgos son aquellos que se producen por causas externas, causas sobre las que no se tiene control y sobre las que poco se puede influir. Un terremoto o un ataque terrorista que destruye las instalaciones de la empresa. Una subida del precio de la energía que eleva los costes de producción. El riesgo externo con un impacto en mayor número de empresas es el riesgo de una recesión económica.

En sucesivos mensajes iré glosando cómo tratar cada uno de estos tipos de riesgos de modo que tengan el mínimo impacto posible. Solo adelantar que las empresas se ocupan mucho de los proyectos que llevan entre manos, de las oportunidades que persiguen, pero se preocupan menos de llevar acciones que contrarresten los riesgos que se asumen. Hasta el jueves que viene

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