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Soy egoista

selfishIntento ser lo más egoísta posible y a mis alumnos les aconsejo lo mismo. Ser egoísta. Invertir en uno mismo. Intentar ser lo mejor posible. ¿Y qué es intentar ser lo mejor posible? Preocuparse por ser cada vez mejor persona. Esforzarse por mejorar en todas las virtudes. Ser cada vez más generoso. Ser más trabajador. Ser más leal a los compromisos a los que te debes. Esto es lo que entiendo por ser egoísta y es lo que aconsejo a todo el mundo, y por supuesto a mis alumnos, que me miran con ojos como platos cuando hablo de esto en clase.

Sí, quiero que las personas que trato sean muy egoístas: que se esfuercen por ser buenas personas: que tengan virtudes. Así sabré que no me van a engañar. Que se van a preocupar por mí. Que me puedo fiar de ellas. Que van a estar a mi lado cuando las necesite, que por supuesto voy a estar con ellas cuando me necesiten. Que puedan confiar en mí.

Programa de vida adquirir y mejorar en las virtudes. Cada vez se es mejor persona. Cada vez es más fácil establecer relaciones de amistad. Pero amistad amistad, no oportunistas.

Uno puede pensar que el programa de adquirir virtudes es muy costoso y que por lo tanto no merece la pena. Nada de eso. No es ni necesario ni posible alcanzar el más alto grado de virtud en todas las virtudes. Se puede ir poco a poco. Cada uno a su ritmo. Así, también lo explico a mis alumnos, se puede llegar muy lejos. Ánimo y a invertir en ti. Hasta la semana que viene, que quizá hable de un libro que he escrito y que en un par de meses saldrá a la venta.

Lo he comprobado una vez más

felizEl verano pasado hablaba de cómo un operario que tenía que hacer unos arreglos en mi casa, llegó despotricando, y a base de interesarme por su trabajo y por su familia acabó marchándose sonriendo y dando las gracias. Concluía que no hay como tratar a las personas con amabilidad para que hasta los más huraños se vuelvan amables.

Y lo he vuelto a comprobar este verano. Tuve que ir a renovarme el carnet de conducir hace unos días. Me aconsejaron hacerlo en una población del extrarradio de Barcelona porque había menos colas. Fui una mañana de julio y estaba en el mostrador del lugar una mujer joven que de mal humor me dijo que las renovaciones del carnet se hacían por la tarde. Se ve que mi presencia le molestaba.

Decidí emplearme a fondo para intentar que cambiara su actitud. Lo conseguí. ¿Cómo? Lo de siempre, sin atosigar, con mucha calma y una sonrisa le pregunté, con toda la amabilidad del mundo, cuál era el horario de la tarde; cuál era la mejor hora para venir; que documentos tenía que traer, etc. Me despedí con una sonrisa y dándole las gracias dejando entrever que su información había sido muy útil, y su actitud dejó de ser huraña, y aunque todavía no era amable por lo menos me dirigió un saludo de despedida.

Volví por la tarde a la hora convenida. Me reconoció, y esta vez ya sí que fue muy cordial y me informó de todo lo que tenía que hacer. Después de que el médico reconociera que todavía soy apto para conducir, me despedí del mostrador de entrada, y esta vez sí que ya hubo amabilidad y sonrisa.

Y es que lo he vuelto a  comprobar. No hay nada como tratar a la gente con amabilidad y paciencia para que hasta los más cascarrabias se derritan y se vuelvan amables. Hasta el jueves que viene.

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