Poder y autoridad

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La actividad de un directivo es coordinar acciones de personas para conseguir un objetivo.
Para conseguir que esas personas lleven a cabo las acciones necesarias para lograr el objetivo el directivo puede utilizar el poder que tiene dada su posición, o hacerlo a través de la autoridad que se ha ganado.

El poder es la capacidad que tiene el directivo de premiar o castigar las acciones de su gente. Dando un salario consigue que la gente actúe como se le dice. También lo puede conseguir a base de una remuneración extra o incluso con la amenaza de despedir al que no hace lo que se le dice.

La gente también puede hacer lo que tiene que hacer por la autoridad que le merece ese directivo. La autoridad de un directivo viene a ser la confianza que genera en su gente de que lo que dice que hay que hacer es lo mejor que se debe hacer. No por el miedo al castigo ni por el logro del premio, sino por la convicción que tiene la gente de que si el directivo manda eso, eso es lo mejor que se puede hacer.

En definitiva, el poder es algo que posee el directivo, mientras que la autoridad es algo que tiene que ganarse y que se lo confiere su gente. Evidentemente un buen directivo es el que tiene autoridad. El que genera confianza. El uso del poder, el influir por temor al castigo o por la promesa de un premio es un modo muy pobre para dirigir.

Lo que pasa es que, así como el poder se posee por el puesto que uno ocupa, la autoridad se la tiene que ganar el directivo, y eso requiere tiempo para generar esa confianza. Por esto la función del poder para un buen directivo, es el instrumento que tiene para conseguir los objetivos mientras genera confianza. Mientras genera autoridad entre su gente. Una vez que tiene esa autoridad entre su gente el poder que tiene se hace innecesario. No le hace falta. Esto es valor instrumental del poder. Es el instrumento que necesito para generar autoridad.

Otra razón para acumular poder es que si lo tengo yo no lo tiene otro y así uno evita que otro pueda utilizarlo de manera injusta y despótica. Este es el uso defensivo del poder. La semana que viene hablaré de cómo se genera autoridad y de como se puede perder. Hasta entonces.

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Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.

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8 COMENTARIOS

  1. Soberbio artículo Miguel Ángel.
    Siempre había oído hablar de Autoridad frente a Poder , pero ha sido para mi novedoso dos ideas, claves para mi, de tu texto.
    El buen directivo transforma el poder en autoridad y el uso defensivo de ese poder.
    Muchas gracias
    Un cordial saludo.
    Juan Carlos

  2. […] Hablaba la semana pasada de la diferencia entre poder y autoridad. El poder, decíamos, es la capacidad de una persona en conseguir que otros hagan lo que él quiere via premios y castigos, mientras que la autoridad es la capacidad de una persona de conseguir que otros hagan algo por la convicción que tienen de que lo que se les está mandando es lo que hay que hacer. Esta convicción procede de la confianza que inspira este jefe en su gente. El poder te lo da el cargo que ocupas, la autoridad te la conceden los demás. […]

  3. Siempre aprendiendo del gran maestro!! No dejes de estimular a los directivos!! Se necesita que seamos como tú los defines en tus artículos.

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