El salario mínimo interprofesional es, en España, el salario mínimo que las empresas deben pagar a sus trabajadores a tiempo completo. Lo fija el gobierno y obliga a todas las empresas a no pagar menos de esa cantidad. Que todo el mundo tenga un buen sueldo es algo deseable y los salarios han de ser suficientes para que se pueda vivir dignamente.
Pero también hay que tener en cuenta que los salarios los paga una empresa. Las empresas tienen unos costes. Si los costes laborales suben puede suceder que las empresas no aguanten esas subidas, quiebren y que todos los empleados se queden sin salario.
También hay que decir que los costes laborales de una empresa no solo son los salarios. Incluyen las cotizaciones sociales, seguros, etc. Además, en España las empresas son muy pequeñas. El tamaño medio de las empresas españolas es de 16 empleados. Con ese tamaño una subida en los costes puede poner en peligro la viabilidad de una empresa y sus puestos de trabajo.
En todo asunto hay que ver los pros y los contras. Un gobierno no puede ponerse en el lado de una parte y despreciar la otra. Eso es demagogia. El asunto lo tienen que tratar ambas partes con la mediación del gobierno. Todo el mundo quiere que haya salarios mejores, pero ¿de dónde salen esos salarios? Un colega mío apuntó una solución. Que a todo empleado con un nivel de ingresos por debajo de cierto umbral se le reduzcan los impuestos en la cantidad equivalente a lo que se pretende subir el salario mínimo. Eso sería equivalente a subir el salario mínimo.
Es muy fácil por parte del gobierno ser muy bondadoso y muy generoso cuando la fiesta la paga otro. Invitar a una persona a una cena pidiéndole que la pague…
Una tontería que acabo de leer en la prensa es la propuesta de montar una cadena estatal de supermercados que tengan precios muy asequibles y sea menos onerosa para los ciudadanos la cesta de la compra. Pero ¿quién va a pagar los costes de esos productos? ¿Va a ser el gobierno más eficiente que los profesionales que llevan décadas rebajando los costes de los productos que venden? Este es el nivel. Hasta el jueves que viene.
Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.
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Buenos días Miguel Angel, como siempre muy buena reflexión, real como la vida misma. Gracias!
Me alegro de uqe te guste Anónimo.
Gracias y saludos,
Miguel Angel
Disparar con pólvora del Rey, le llaman……….
Lo de los supermercados se ha hecho a partir de un apriorismo, y es que el capitalismo es salvaje e insaciable oprimiendo al pobre trabajador. La realidad, a menudo, es diferente, y suele salir mas caro lo que se gestiona por las entidades publicas que por las privadas.
Sobre todo anónimo, es que alguien tendrá que pagar esas iniciativas. No salen de la nada, y eso no lo tratan los que hacen estas propuestas.
Gracias por tu participación y saludos,
Miguel Angel
Miguel Angel, suelo estar de acuerdo contigo, pero cuando dices «una subida en los costes puede poner en peligro la viabilidad de una empresa y sus puestos de trabajo», es el argumento que usó el PP (y Vox) cuando se propuso subir el SMI de 735 euros a 900 euros en 2019. Iban a cerrar montones de empresas! No hablaré de la última subida, porque todavía no sabemos lo que pasará, pero hasta ahora estábamos a 1134 euros (un 54% de incremento desde los 735 de 2018!!!), y no parece que la apocalipsis prevista por la derecha haya pasado. Me sorprende que se siga usando este argumento, sin pararse a explicar por qué no ha pasado hasta ahora.
Gracias Anónimo por tu comentario. Yo no estoy en contra de la subida del salario mínimo. Me parece muy bien que la gente cobre un mínimo lo más alto posible, lo que digo es que esto hay que negociarlo, hayque ver si es factible o no. Que el gobierno l ohaga unilateralmente, es como invitarte a cenar pagando tú.
Muchas gracias Anónimo, y saludos,
Miguel Angel