Diez principios para decidir con eficacia

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Acabo de publicar junto con mi colega del IESE Pablo Maella un nuevo libro sobre toma de decisiones. Se titula «Iceberg a la vista, Principios para tomar decisiones sin hundirse«. Son 10 capítulos en los que ilustramos 10 principos de sentido común para mejorar las decisiones que tomamos. Los tiltulos de los capítulos son:

  1.  Preocúpate por decidir bien, más que por acertar
  2.  Identifica claramente tus objetivos
  3.  Plantea tus problemas de forma realista
  4.  No te autoengañes; es muy fácil hacerlo
  5.  Atiende sólo a la información relevante
  6.  Reconoce la incertidumbre y gestiónala
  7.  Sé creativo y genera alternativas
  8.  Ten en cuenta que tus decisiones tienen consecuencias
  9.  Lo que decidas.., ponlo en práctica
  10.  Sé consciente de que no todo es racionalidad

Todo el libro se construye siguiendo la historia del hundimiento del Titanic, Cada capítulo tiene dos partes, en la primera exponemos parte de la historia del titanic y los errores que se cometieron, y en la segunda describimos como evitar que nosotros cometamos errores similares en nuestra vida profesional y personal. Todo esto ilustrado con distintos ejemplos qde la vida corriente.

El contenido de este libro lo estamos exponiendo en conferencias en distintas ciudades para los antiguos alumnos del IESE.

9 COMENTARIOS

  1. Hola Miguel,

    Soy Jesús Bretons, ex alumno de Viaró.

    Simplemente agradecerte la conferencia que nos has dado hoy (21-03-2012). Ha sido muy interesante.

    Un saludo.

    Jesús

  2. […] ¿Se pudo haber evitado el accidente? Pues sí. Días antes del percance aparecían bolsas de gas en lugares dónde no debían aparecer. Diversas junturas de los pozos estaban selladas defectuosamente. Había indicadores que alertaban de que las cosas no iban todo lo bien que debían. Y la compañía no hizo nada. ¿Por qué? pues habrá muchas razones, pero un hecho es que el alquiler de la plataforma petrolífera costaba medio millón de dólares cada día, y la perforación de los pozos llevaba ya cuarenta y tres días de retraso. Había que ir a toda velocidad. A tan velocidad fueron que no prestaron atención a los múltiples indicios de problemas. Lo mismo que pasó en el accidente del Titanic. […]

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