¿Qué tipo de persona eres?

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Una de las entradas que más visitas recibe este blog es una que publiqué en diciembre de 2012 y titulaba “El arte de vivir amargados”. El contenido de ese mensaje lo he vuelto a percibir durante esta última temporada. Por emails, WhatsApps, videoconferencias, etc. y últimamente viéndonos presencialmente, he tratado con bastantes personas. Y he visto a algunos que han intentado sacar el mejor partido posible del confinamiento. Han hecho lo que han podido y se han adaptado a las circunstancias, conscientes que era lo que les tocaba vivir.

En cambio, otras personas han estado permanentemente amargadas, maldiciendo su desdicha. Enfadadas por las circunstancias en las que se encontraban. Ambos tipos de personas se enfrentaban a las mismas circunstancias: confinamiento y aislamiento. Sin embargo, unas eran dueñas de sus vidas y decidían ellas la actitud que adoptaban e intentaban sacar el mejor partido posible a la situación en que se encontraban. En cambio, otras estaban permanentemente amargadas, desoladas por la situación y culpando al universo de sus múltiples desgracias. Eran las circunstancias las que tomaban posesión de sus vidas.

Todo el mundo se encontraba en la misma situación. Sin embargo, unos la aceptaban y con optimismo intentaban sacar el partido que pudieran de las circunstancias, mientras que otros estaban amargados. Estos últimos no son dueños de sus vidas. No son libres. Son las circunstancias las que determinan su felicidad o desgracia. Las personas libres, las dueñas de sus vidas, dadas las circunstancias en las que se encuentran, sean estas mejores o peores, intentan sacar partido de ellas. Tú decides qué actitud adoptar ante la vida. No seamos cenizos.

10 COMENTARIOS

  1. Estoy de acuerdo, profesor Mariño.
    Al mismo tiempo… este periodo creo que nos ha hecho ver 2 cosas más que cuestionan (para algunos) la (supuesta) creencia de que «todo es cuestión de actitud». La actitud es lo inmediatamente anterior a la conducta (que son los hechos más visibles). Antes de la actitud están las Normas (sociales, si se quiere. entendidas como reglas de conducta consensuadas). Éstas precedes a los Valores (se pueden definir como las «elecciones estratégicas sobre lo más adecuado para nuestros fines»). Y debajo de todo este diagrama de flujo están las Creencias (por ejemplo, «estructuras de pensamiento que nos explican la realidad»). ¿Qué quiero decir? Que la actitud está demasiado arriba. Si nada cambia, nada cambia: y para que cambie debe de empezarse desde abajo (creencias y valores).
    Por lo tanto (lamento el preámbulo)… Las dos cosas que se han descubierto durante el confinamiento:
    1. Los hipocondríacos y su protagonismo. Se entiende a ese miedo irracional (o racional) que es dificilmente controlable. Eta situación les ha agudizado en sus preocupaciones, se muestran beligerantes con las normas sociales (les cuesta vivir la «circunspección, por ejemplo) y casi quieren ocupar el espacio de los más «laxos» (tachados como irresponsables). ¿Son menos libres al estar sometidos a un temor poco controlable? Puede que sí. Ha convivido con personas muy moderadas, de mucha formación, calmadas… y la situación de estrés les ha llevado a perder los nervios o la paz. Son muchos (sin ser mayoritarios) y fácilmente dominables (el temor une intereses) de un poder sin razón (como definía don Álvaro D’Ors a la ausencia de libertad). El miedo es libre, como se suele decir.
    2. Los kinestésicos pasan a ser víctimas. Me refiero a las personas cuyo principal fuente de conocimiento y contacto con la realidad es a través del contacto físico con los demás (todos somos algo kinestésicos: pongo el acento en las personas que desarrollan más este canal de información). Son unos cuantos. ¿Cuál es el problema? La llamada «distancia social». ¿Tendrá consecuencias? Pienso que sí: pasar tiempo sin abrazar, tocar a alguien… considero plausible que puede acabar en depresión. Esas personas necesitan del contacto (un mal ejemplo: todos los perros necesitan salir a pasear porque se relacionan con el exterior por el olfato; sin esas salidas, su vida se va haciendo más limitada). Los ciegos (un grupo más reducido) están en esta situación.

    ¿Se pueden solucionar estos problemas con un cambio de actitud? Puede que en el primer caso. En el segundo, lo descarto casi con seguridad: los kinestésicos necesitan de los demás (ellos mismos serán incapaces de resolver el problema).

  2. ¡¡¡Chapeau de nuevo!!!
    Justo en la diana Miguel Ángel, muchas gracias por el post de esta semana (y todos los anteriores): hay personas que a todo le ven un pero, y por contra la mejor actitud será un combustible excelente para sacar lo mejor de nosotros y tener una pronta recuperación económica. La tan manida Resiliencia.

    Aunque en la recuperación que tenemos por delante, y por desgracia, creo que el carácter ibérico nos lleva a usar estas desgracias como moneda de cambio, de negociación (para mi errónea y fallida si negocias por intereses),

    Vamos: ¡¡¡somos unos ‘llorones excelentes’ cuando nos interesa!!!
    Sobre todo para pagar menos, reducir salarios, evitar nuestras responsabilidades, minusvalorar los servicios que recibimos (para no dejar propina, ni reconocer el trabajo, ni primar el talento y buen trabajo) ….

    O nos tomamos el partido en serio y con la mejor acitud o habrá muchas profecías autocumplidas,

  3. Me ha recordado que es el mismo, y muy positivo, mensaje que dejó Pau Gasol en la reciente charla organizada por el profesor Álvarez de Mon hace unos días

    Nada fácil, requiere mucho entrenamiento.

  4. Gracias por la reflexión Miguel.
    Un comentario de un buen amigo del PAD de Lima.
    “Muchos problemas no ocurren porque se presenten mal las soluciones, sino porque las preguntas están mal planteadas. Cuando llega la adversidad, la pregunta correcta no es “¿por qué?” sino “¿para qué?”. Podemos encontrarle un sentido al sufrimiento, un sentido a la vida, y una vez encontrado, aprender a gestionarlo”.

    Saludos

    Walter Arce Diaz

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