La toma de decisiones y la suerte

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Tomamos decisiones porque queremos conseguir algún objetivo. Y hay muchos factores que afectan al resultado de nuestra decisión: el mayor o menor interés que hemos puesto al ponerla en práctica, cómo han reaccionado otras personas ante nuestra decisión, cuán acertados hemos estado a la hora de elegir la mejor alternativa para conseguir nuestro objetivo, y un largo etcétera.

Después de un montón de años estudiando la toma de decisiones y observando como se toman he llegado a la conclusión que el factor que más influye en el éxito o fracaso de una decisión es la suerte. Por supuesto que hay muchos otros factores, que pueden afectar el resultado de nuestra decisión, pero el mas importante es la suerte. La suerte son todos aquellos factores que influyen en el resultado de una decisión sobre los cuáles no tenemos ningún control ni capacidad de influir.

Uno puede razonar diciendo que, si el principal factor que determina el éxito de nuestras decisiones es la suerte, entonces no hay que preocuparse por intentar decidir bien. El resultado depende más de cosas que no controlamos que de lo correcta que sea nuestra decisión. Craso error esta conclusión. La suerte juega tanto para bien como para mal, y si bien es cierto que en una decisión puede pasar de todo, a largo plazo, la buena y la mala suerte se contrarrestan, y el resultado de un montón de decisiones es mejor o peor en función de si decidimos mejor o peor.

Sobre el tema de la suerte ya escribí hace algunos años. Saludos a todos y que estéis teniendo unas buenas vacaciones. Hasta el jueves que viene.

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Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.

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8 COMENTARIOS

  1. Hola Miguel Ángel,
    Tienes toda la razón.
    Hace ya unos años ley en tu excelente libro “Iceberg a la vista” que “Decidir bien no es lo mismo que acertar”, y como desarrollabas los peligros del “Aprendizaje Negativo”.
    He visto muy de cerca a directivos acertar con decisiones incorrectas y lo peligroso que eso es.

    • Efectivamente José Manuel, los que deciden mal y por suerte les salen las cosas bien corren el peligro de pensar que es su buen hacer (grave error) la causa de que todo vaya bien. Es muy difícil aceptar que la causa ha sido la suerte.
      Gracias por participar.
      Saludos,
      Miguel Angel

  2. Hola
    Coincido totalmente con el concepto y el efecto de la «suerte», pero el vocablo no es, creo yo, adecuado a lo que le imputamos. Conviene buscar otro para no requerir explicaciones posteriores a la licucion. ¿Imponderables, quizas?
    Saludos

  3. Saludos prof. Miguel-A y grupo (aquellos que aún de vacaciones siguen en contacto). Que la suerte existe en nuestras vidas y en las empresas, creo que es una verdad absoluta y comprobable por todos. Recuerdo una vez que me tocó substituir a un Jefe de Tienda que tomaba sus vacaciones, y aún hoy no comprendo lo que sucedió. La tienda llevaba tiempo abierta, tenía un buen equipo y sus resultados eran óptimos. Sin embargo, creo que desde el mismo instante en que me subí a mi coche para ir mi primer día a la tienda en cuestión, las ventas empezaron a descender paulatinamente. Yo veía el descalabro y ponía todos mis esfuerzos en corregirlo… pero nada. Aparentemente no había ningún motivo que explicara aquella tendencia, pero el caso es que sucedía sin remedio posible por mi parte. Cuando terminó mi suplencia, por suerte la empresa seguía confiando en mí y no ne dieron la patada… pero sólo pude justificarme como mala suerte. Por eso entiendo perfectamente el supuesto que explica el profesor, y que causas externas o inexplicables hacen que los resultados recaigan en buena o mala suerte. Pero añadiría que únicamente la suerte como determinante final de una toma de decisión ocurre muy pocas veces. En realidad, si la parte final de una decisión pudiera parecer que la hemos relegado a la suerte (como el portero ante un penalti), pienso que en la mayoría de las veces aflora nuestra intuición. Si tenemos en cuenta que la probabilidad son las posibilidades de que una cosa suceda, las personas decidimos con un filtro interior de probabilidad. O sea que procedemos decidir una opción confusa y poco segura, porque en nuestro interior tenemos informaciones que nos hacen pensar que aquella opción es la más probable. Está intuición cuando la descubres en buenos dirigentes te sorprende mucho. Pero con los años (mi madre siempre me repetía el refrán «la experiencia es la madre de la ciencia»), todos vemos que con la práctica también la podemos ir adquiriendo. Saludos y buenas vac’s para los afortunados. Xavier D.

    • Muchas gracias Xavier por tu participación, efectivamente, la suerte nunca es el único factor que determina las consecuencias de nuestras decisiones, Siempre hay múltiples factores. Sin embargo yo creo que la suerte (o los imponderables) son el factor más frecuente.
      Gracias por participar y saludos,
      Miguel Angel

  4. Hola Miguel. Tal vez esta es la única vez que discrepo contigo. A mi entender, el factor más importante en la toma de decisiones es el análisis previo del tema en cuestión.
    Para solucionar un problema, investigar el origen del problema (root cause analysis).
    Para decidir sobre una inversión, analizar las alternativas y los criterios.
    Etc.
    La suerte aparece más veces con un «educated guess».
    Esa ha sido mi experiencia y, como dicen mis hermanas/os y a pesar de mis muchos errores, he nacido con una flor en el… tiesto de la suerte.
    Gracias por educarnos.

    • Muchas gracias José Antonio por tu comentario. Evidentemente que el análisis previo es necesario, pero eso pertenece al ámbito del proceso de toma de decisiones. Al resultado de una decisión le afectan muchos factores, entre ellos el proceso que se ha seguido. Pues bien, yo pienso que el factor más importante es la suerte, y por supuesto, viva la discrepancia.
      Saludos,
      Miguel Angel

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