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Un antiguo alumno que lee frecuentemente este blog me envió hace unos días un artículo referente a la gran dimisión o el gran abandono. Parece que, más en Estados Unidos, pero también en Europa y en España, está habiendo una ola de abandonos del lugar de trabajo. La gente harta de lo que está haciendo está yéndose de su empresa en proporciones superiores a tiempos anteriores.

El artículo de este antiguo alumno citaba una investigación publicada en la Harvard Business Review en la que, encuestados unos 13.000 empleados de muy diversas empresas, la razón de este gran abandono es el trato que reciben los empleados por parte de sus jefes. Parece que la gente está harta de cómo se les está tratando.

Pero la investigación decía algo mucho más interesante. Estaban abandonando sus puestos de trabajo las personas que podían permitirse el lujo de hacerlo, porque por su cualificación profesional pronto podían encontrar otro trabajo o por cualquier otra razón. Pero ¿Qué pasa con la inmensa mayoría que no tienen alternativa y tienen que seguir en sus puestos de trabajo? El artículo dice que esta gente, decepcionada con sus jefes, lo que hacen es cumplir lo justo para que no les despidan y nada más. Compromiso nulo con la empresa fruto de la falta de compromiso de la dirección de la empresa con sus empleados.

Con esta actitud en los empleados, la mediocridad de la empresa esta garantizada. Muchas veces los jefes se plantean ¿Qué pasa con mi gente que no están motivados? Pues muy sencillo que no los estás tratando con la dignidad que merecen, y ellos acaban correspondiendo.

Qué diferencia este tipo de empresas con aquellas en los que la gente está dispuesta a hacer lo que haga falta para que la empresa vaya bien. Esto es lo que marca la diferencia entre las buenas empresas y las mediocres, y no el mayor o menor acierto estratégico. El compromiso de la gente. Hasta el jueves que viene.

8 COMENTARIOS

  1. Muchas gracias de nuevo por otro artículo del máximo interés.
    Sólo pedir que se cuide más la puntuación.
    Saludos,
    Gonzalo Gaspar

  2. No puedo estar más de acuerdo. Este ha sido mi caso: dejar una empresa por maltrato psicológico, y renacer en otra, por lo que me siento orgullosa de pertenecer a esta nueva organización, y que doy todo lo que puedo y más por ella. Ahora me siento realizada y feliz.

  3. Con la perspectiva que me facilita el llevar en mi profesiónmás de teinta y cinco años, digo que me parece estupendo la falta de compromiso de las generaciones jóvenes con la empresa, y su capacidad para irse buscando mejores posibilidades de «todo». Cito como ejemplo un familar. Este familiar tiene un puesto técnico de alta cualificación en multinacional española. Este familiar en su puesto realiza cálculos diarios, (es un trabajo que realiza de muy buena gana, y con la exclusiva motivación personal, DE NADIE MÁS), para mejorar la eficiencia energética de los procesos industriales de la empresa. Con su trabajo le ahorra a la empresa unos cuantos millones de euros anualmente a la empresa y tiene que luchar diariamente con los directores de otros departamentos porque estos son MBAs, aunque no tienen ni idea el trabajo, ni de la empresa. Pero como están por encima a callar. Y este famliar, mientras, continua haciendo su valioso trabajo calladamente y recibiendo «por detrás» las felicitaciones de los directores de los centros de produccion de la empresa.
    Por esto y otros muchos motivos que vive día a día en la empresa, me encanta que la gente joven se marche cuando comprueba que la enmpresa le ha mentido. Supongo que llegará un momento que las empresas valoren la experiencia de su gente, de la gente que soporta la empresa, a pesar de la propia empresa; y que tengan mejor criterio al elegir a los inexpertos MBAs que le llegan sin saber, y, lo que considero más grave, imponiendo su ¿autoridadMBA? con un total desconocimiento del lugar de trabajo donde han llegado.

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