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Hablar y actuar

En algún mensaje de hace años hablé de que las personas nos comunicamos con los hechos y no con nuestras palabras. En función de cómo actuamos, la gente se hará una idea de cómo somos. Una empresa cuyos jefes no paran de decir que las personas son lo más importante en esa organización, pero luego no respetan los horarios laborales y hacen trabajar hasta mucho después de la hora de salida, es una empresa cuyos jefes no tendrán ninguna credibilidad entre su gente.

Nos comunicamos, no con las palabras sino con los hechos. Nuestras palabras son una medida de nuestra hipocresía: la gente verá cómo actuamos, y si lo que decimos es coherente con nuestro modo de actuar, la gente se fiará de nosotros. Pero si nuestro discurso va por un lado y nuestras actuaciones por otro entonces problema.

Malo cuando una persona tiene que aclarar algo. Malo cuando hay que decir que somos honrados. Malo cuando una empresa tiene que decir que cumple con las leyes. Si esas cosas ya las hacemos nuestras actuaciones lo dejarán bien claro y si lo tenemos que aclarar es que nuestras actuaciones son problemáticas. Nos comunicamos con los hechos y no con las palabras. Hasta el jueves que viene. Os dejo un tercer video sobre toma de decisiones en entornos VUCA.

  1. Juan Ignacio Pinedo
    julio 9, 2020 a las 8:42 am

    Querido profesor, lamentablemente esto no suele ser así. Queda bien en los sagrados púlpitos de la docencia, pero en la vida real, esta sociedad prefiere escuchar lo que quiere y necesita oír. Si fuera como dices, se penalizaría en política, donde tenemos ejemplos flagrantes, recurrentes y cada vez más descarados de mentiras rotundas que no penalizan en absoluto (en todos los partidos políticos, aunque uno tiene en la cabeza últimamente varios claros ejemplos). Y a pesar de las mentiras enormes y de hechos que van contra lo dicho anteriormente y por lo que lograron votos, siguen siendo votados posteriormente en base a nuevas mentiras. Por eso también existe el marketing, ya que en el fondo persigue vender milongas para creer y comprar lo que se nos diga, independientemente de su calidad probada en hechos, infinidad de veces no coincidente. Ejemplos también abundan y los tenemos todos en la cabeza. Mucha gente prefiere la mentira de lo que quiere escuchar frente a los hechos en contra. Pero estoy de acuerdo que queda muy bonito decir eso de que lo importante son los hechos por encima de lo que se dice. Pero al final, no es cierto.

    • julio 10, 2020 a las 9:40 am

      Muchas gracias Juan Ignacio. Por eso precisamente lo digo. Pero en la empresa la gente presta atención a cómo actúa el jefe, no a lo que dice. Pero efectivamente en la sociedad somos demasiado crédulos.
      Gracias por participar,
      Miguel Angel

  2. xavierlledia
    julio 9, 2020 a las 9:43 am

    hola,
    100%de acuerdo en que la coherencia entre palabras y hechos es un valor personal fundamental, en el ámbito privado y en el publico.

    pero cuando te atacan para dañar tu imagen o tus actos, uno debe defenderse, debe demostrar q sus actos no son como los cuentan, no ?. Creo q vemos muchos casos así cada dia, por rivalidades, por envidias, …

    En concreto en la política actual, creo que casi el 100% de las actuaciones van a desprestigiar al contrario.

    saludos

    • julio 10, 2020 a las 9:42 am

      Efectivamente Xavier, hay que defenderse. Pero la mejor defensa es una probada conducta intachable. Esto desautoriza los ataque. Pero efectivamente, cuando te atacan hay que hablar bien alto. En ese caso, la conducta y las palabras están alineadas,
      Saludos,
      Miguel Angel

  3. Oscar
    julio 9, 2020 a las 10:14 am

    Pienso que a veces, como por ejemplo en una presentación inicial, sí conviene decir que nuestra “máxima” es -por mencionar una- la honradez, para dejar claro de partida cúal es nuestro camino. Obviamente luego hay que demostrarlo! A veces se dice “dime de qué presumes, y te diré de qué careces”, pero creo que -de mano- hay que confiar, y si alguien me dice en su presentación que sólo presume de ser honrado, pues… yo al menos tiendo a fiarme.

    • julio 10, 2020 a las 9:44 am

      Oscar, coincido plenamente contigo que hay que fiarse de lo que dice la gente. Sin lugar a dudas no podemos vivir en un mundo donde campe la desconfianza. Pero luego se comprueba si los hechos avalan esta confianza que hemos dado inicialmente a las personas, o por el contrario esta confianza se pierde. Es una asunto de integridad y coherencia.
      Saludos,
      Miguel Angel

  4. Anónimo
    julio 12, 2020 a las 3:16 pm

    Yo lo que creo desde un puesto de dirección, con datos objetivos, no se percibe, o que años de buen hacer se disipan ante una decisión no satisfactoria para todos, incluso una coyuntura q dificulta la vida a TODOS!. También veo mucho complejo no admitido. … El equipo: lo más complejo de todo sin duda…Gracias Profesor…

    • julio 13, 2020 a las 8:10 am

      Saludos Anónimo. Gracias por tu participación y darnos tu punto de vista.
      Saludos,
      Miguel Angel

  5. Luis
    julio 13, 2020 a las 12:39 pm

    Hay empresas que de cara a la galería coleccionan “sellos” de top employer, empresa familiarmente responsable, “great place to work”, empresa responsable con el medio ambiente, “equal opportunity employer” (este ya no se lleva, ahora es “discriminación “positiva” ” – valga el oxímoron, de ahí las comillas dentro de las comillas), …

    …y luego la realidad es otra. Pero lo que cuenta es el “cara a la galería” (inversores y agentes externos) y no lo que ven el grueso de empleados, por lo que esta circunstancia se puede mantener durante muchos años. Incluso funciona con los empleados un tiempo, y dado el índice de rotación normal puede que con algunos subgrupos mucho tiempo

    Por cierto, sería muy interesante que un día nos hablara de su percepción de la “discriminación positiva”, que en mi opinión trata de resolver un problema por la vía del resultado pensando que acabará sanando la raíz. Entre medias se sacrifica a un grupo o una generación en nombre del bien común.

    • julio 13, 2020 a las 2:12 pm

      Luis, por eso he escrito el mensaje de esta semana, por que una cosa es lo que se dice y otra muy distinta lo que se hace.
      Cojo la idea de la discriminación positiva.
      Saludos y gracias,
      Miguel Angel

      • Luis
        julio 13, 2020 a las 2:24 pm

        Sí, lo que quería decir es que hay quien consigue, incluso durante un largo tiempo, que la gente se fíe, pese a sus incoherencias entre la palabra y la acción. O que sólo en el muy largo plazo se le penalice.

        Durante décadas eran legión los que se declaraban Juancarlistas (pero no monárquicos). Y muchos de ellos ni siquiera engañados, pues en los 80 y 90 las andanzas en boca de todos estaban. Simplemente no penalizaban la incoherencia; no estaba de moda hacerlo y miraban para otro lado.

        Es un poco lo de invertir en bolsa por fundamentales y huir de modas o análisis que tienen más que ver con supersticiones que con ciencia. Decía Keynes que “los mercados pueden mantener su irracionalidad más tiempo del que tú puedes mantener tu solvencia”. Y en la irracionalidad veo a mucha gente, a la que la incoherencia igual da.

        • julio 14, 2020 a las 12:27 pm

          Luis, se puede engañar a muchos por poco tiempo o a pocos durante mucho tiempo, pero no se puede engañar a muchos por mucho tiempo.
          Y no me estoy refiriendo a nadie, pues no soy quien para juzgar a nadie
          Saludos,
          Miguel Angel

          • Luis
            julio 14, 2020 a las 5:08 pm

            Estuve tentado a copiar esa cita atribuida a Lincoln en el anterior mensaje. Realmente, creo que en ocasiones “mucho tiempo” excede a una vida. Aún así, siempre cabe la esperanza de una pluma que lo escriba, aunque sea para una suerte de justicia post-mortem

            «Cuando, en el silencio de la abyección, no se escucha más resonar que la cadena del esclavo o la voz del delator; cuando todo tiembla ante el tirano, y cuando es tan arriesgado solicitar su favor como ameritar su desgracia, el historiador aparece, encargado de la venganza de los pueblos.» (François René de Chateaubriand, “Le Mercure”, 4 de julio de 1807)

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