Dictaduras

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Ahora no está de moda, pero durante mucho tiempo las empresas estaban dirigidas bajo el principio del “ordeno y mando”. El jefe decía lo que había que hacer y los de abajo lo mejor que podían hacer era obedecer. Era un sistema que podríamos llamar dictatorial. Ahora, digo, ya no se lleva. Se habla más de organizaciones planas, de somos un equipo, de las ideas de todos son bienvenidas, etc.

Yo por lo que observo, eso es más bien el discurso, porque al final sigue habiendo el jefe que manda y los que obedecen. Aunque el discurso sea el de “somos un equipo” la realidad es que la dictadura sigue presente en muchas empresas. Eso sí, a veces dulcificada.

En toda dictadura, además del dictador, hay colaboradores, disidentes y verdugos. Los colaboradores son todos los que apoyan lo que dice el dictador. Suelen tener poca personalidad y pocas ideas propias. Diga lo que diga el jefe lo van a apoyar. Luego están los disidentes. Son personas que piensan y se dan cuenta que a veces lo que se está haciendo es algo incoherente, algo que puede ser beneficioso a corto plazo, pero dañino a medio y largo plazo. Suelen ser personas molestas en a organización. Y finalmente están los verdugos, que son los que ejecutan. Los que hacen el trabajo sucio.

Directivo, escucha a los disidentes que seguramente tienen mucho que aportar. Pero ojo, no cometas el error de escucharles para hacerles pensar que se les tiene en cuenta, cuando ya tienes pensado lo que hay que hacer y no vas a cambiar. Recuerda que el disidente no es tonto. Por algo es disidente. Recordar a Aleksandr Solzhenitsyn o Andréi Sájarov. No tenían un pelo de tontos. Hasta el jueves que viene.

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Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.

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14 COMENTARIOS

  1. Buen resúmen de lo que sigue siendo la realidad de demasiadas organizaciones (y de la sociedad en general) , donde una gran mayoría siguen jugando al cumplimiento (cumplo y miento), más fácil, que no mejor, que aportar valor.

  2. És una reflexió que em sembla molt oportuna, no es tracta només de dir sinó de fer. Creure que els demés tenen idees bones i poden tenir raó, es necesari, es dialògic

    • Me ha hecho gracia tu comentario Anibal. Son supervivientes. Para sobrevivir hay que hacer lo que haga falta, siempre dentro de unos límites que no atenten contra la dignidad.
      Saludos,
      Miguel Angel

  3. Si eso no se si ha cambiado pero en mis inicio en el mundo laboral , el jefe dictador existio, es mas en ocasiones y por mi ignorancia me utilizo como cabeza de turco, algo que no has mencionado, no tenia el valor de dar ordenes a sus subditos mas veteranos de la empresa porque se le podia venir abajo su castillo de naipes…saludos profesor

  4. Las empresas pueden ser de varios perfile, Dictatoriales, como ud las llama, o las planas, como también les dice, pero ambas a la vez. Existen empresas de órden comunitario donde pueden intervenir varios grupos en las tomas de decisiones, mientras que en otras no. Claro!.. no estoy queriendo decir que solamente una persona tome control de estas decisiones, dino ue debe existir previamente un grupo de asesores, incluso de variadas profesiones que puedan dar respuestas del problema analizado, viéndolo desde su punto de vista profesional, y mostrar el impacto que causaría.. pero eso no puede ser alegremente.. Ing. Luis Colina

  5. y que decir, que a veces los dictadores son «middle managers» que anteponen su beneficio personal al de la empresa, y de la mano de los colaboradores, sabotean el trabajo a los nuevos que destacan o no se someten al colectivismo empresarial, en el que los que llevan más tiempo se rascan los huevos y los nuevos hacen todo el trabajo sucio, con la promesa que si tragas, algún día harás tragar mierda.

    Al final ponen en la tesitura al directivo de tomar una decisión: el nuevo se queda o «va a haber problemas en la oficina porque el nuevo es conflictivo «; y es más fácil mantener el ambiente tóxico en la oficina, que dar la cara por el nuevo que además es más barato despedir.

    Así la gente productiva acaba yéndose y la organización se queda estancada en la mediocridad y el chupaculismo, que es lo que ha hecho el «middle manager» toda su vida y por ello espera que los demás lo hagan con él.

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