Justificaba el director de una pyme que no podía subir los salarios porque había disminuido la productividad en la empresa. Varias reflexiones suscitan ese comentario. El que haya disminuido la productividad es un hecho. Falta analizar las causas de ese hecho.
Si la menor productividad es porque se han ido los buenos empleados y se le han quedado los malos, entonces el problema es de la dirección de la empresa. Esto suele pasar en las organizaciones donde la gente no puede crecer, en las muy burocratizadas donde se ahoga la iniciativa, etc. También puede ser porque la dirección esté llevando a cabo muchas actividades no productivas. Se contrata gente para hacer no se sabe qué, y entonces efectivamente, la productividad baja.
Otra razón, la más frecuente a mi juicio, es la falta de interés y compromiso de los empleados. Esto les lleva a hacer lo mínimo imprescindible para salir del paso y poco más. En otras ocasiones ya he comentado que la variable más importante, a mi juicio de la que depende la productividad de los empleados es su compromiso con la organización. Y el compromiso de los empleados con la organización depende de cuanto los valora la dirección.
Hay que saber distinguir los hechos y las causas. Si no se indaga sobre las causas de un problema difícilmente se le puede poner solución. Hasta el jueves que viene.
Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.
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