Lo he comprobado una vez más

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El verano pasado hablaba de cómo un operario que tenía que hacer unos arreglos en mi casa, llegó despotricando, y a base de interesarme por su trabajo y por su familia acabó marchándose sonriendo y dando las gracias. Concluía que no hay como tratar a las personas con amabilidad para que hasta los más huraños se vuelvan amables.

Y lo he vuelto a comprobar este verano. Tuve que ir a renovarme el carnet de conducir hace unos días. Me aconsejaron hacerlo en una población del extrarradio de Barcelona porque había menos colas. Fui una mañana de julio y estaba en el mostrador del lugar una mujer joven que de mal humor me dijo que las renovaciones del carnet se hacían por la tarde. Se ve que mi presencia le molestaba.

Decidí emplearme a fondo para intentar que cambiara su actitud. Lo conseguí. ¿Cómo? Lo de siempre, sin atosigar, con mucha calma y una sonrisa le pregunté, con toda la amabilidad del mundo, cuál era el horario de la tarde; cuál era la mejor hora para venir; que documentos tenía que traer, etc. Me despedí con una sonrisa y dándole las gracias dejando entrever que su información había sido muy útil, y su actitud dejó de ser huraña, y aunque todavía no era amable por lo menos me dirigió un saludo de despedida.

Volví por la tarde a la hora convenida. Me reconoció, y esta vez ya sí que fue muy cordial y me informó de todo lo que tenía que hacer. Después de que el médico reconociera que todavía soy apto para conducir, me despedí del mostrador de entrada, y esta vez sí que ya hubo amabilidad y sonrisa.

Y es que lo he vuelto a  comprobar. No hay nada como tratar a la gente con amabilidad y paciencia para que hasta los más cascarrabias se derritan y se vuelvan amables. Hasta el jueves que viene.

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Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.

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12 COMENTARIOS

  1. Todos los metales tienen su punto de fusión. La cosa es tener el «combustible» requerido para llegar a ese punto. Eso es lo difícil, pero ya se ve que si te lo propones … lo puedes lograr. Gracias por contarnos este caso Miguel Ángel.

  2. Estimado Miguel Ángel:

    Buenos consejos. Sencillos pero no tan fáciles de aplicar, sobre todo cuando te encuentras en situaciones de tensión. Siempre hay que procurar desarmar al otro con amabilidad y sentido común.

    El reverso tenebroso es el de las personas que con esta misma estrategia traten de hacer malas acciones. Hay que estar atento. No siempre las buenas maneras esconden buenas intenciones.

    Saludos limeños.

  3. Es curioso, a mi «gente» como esta me provoca un reto, estudias un poco a la persona, intentas darle la vuelta, te pones a su nivel emocional y acaban cambiando su postura. Incluso a sonreír.
    Yo soy visitadora Farmacéutica, cuando el titular o la persona responsable te dice; «no me interesa, no quiero nada» de esa manera tan displicente es como que se me dispara una alarma y me digo; no me voy de aquí! ( es igual que no me compre) sin un cambio de cara y actitud por su parte. Y la verdad que si le dedicas 2 min. la gente cambia su actitud.

  4. Estimado Miguel Angel, felicidades por tu paciencia y educación: son virtudes que se cultivan con el tiempo y no se improvisan. Seguro que has pensado que probablemente buena parte del motivo del estado de ánimo de esa persona venga propiciado porque a lo largo del día tiene que tratar con mucha gente que reacciona de forma desabrida y es quizás vaya creando una costra o máscara de protección, que aunque no justifica su actitud sí al menos nos puede ayudar a entender. Gracias por tus reflexiones. Feliz verano, José Luis

    • Gracias José Luis. Sí creo que las actitudes hurañas es porque muchas veces no somos amables unos con otros. Pero hay que intentar serlo y cambier actitudes. ¡Se puede!
      Gracias y saludos,
      Miguel Angel

  5. Hola Miguel Ángel! Muchas gracias, como siempre, por compartir tus reflexiones. Y también a los comentaristas!!

    A propósito del último comentario, de José Ruizalba, (con en que también estoy de acuerdo), he recordado una breve reflexión de Aristóteles que leí en un libro de Pilar Jericó y comparto:

    «La excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes realizando actos de valentía»

    Supongo que nos convertiremos en personas amables comportándonos como expones y quizá también en «cascarrabias» si practicamos… (imagino que esto aplicaría en ambos sentidos)

    Un saludo y feliz verano!

    • Efectivamente Fernando, hay que practicar y se acaba convirtiendo en hábito. De todas maneras, valorar a las personas es algo que deberíamos tener innato, y debería ser el ser antipático lo que requiriera entrenamiento.
      Muchas gracias por tu aportación.
      Saludos hacia Castilla – La Mancha.
      Miguel Angel

  6. Estimado Miguel Ángel,
    Muchas gracias por explicar tan bien algo que yo comparto absolutamente. Tratar bien a la gente con mucha amabilidad y educación es la única forma correcta de hacerlo. Uno se siente bien consigo mismo y además el receptor de las amables palabras se vuelca por estar a la altura y nos ofrece también su mejor versión.
    Un saludo 🙂

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