En mis tres últimos mensajes he hablado del propósito de las organizaciones, su razón de ser, también de la estrategia para conseguir resultados que le ayuden a avanzaren el cumplimiento del propósito, y del aprendizaje y la innovación, que capacitan a la organización. En el mensaje de esta semana voy a completar lo que hace falta para tener una buena organización: la unidad.
La unidad de una organización es el grado de identificación de los miembros de la organización con los objetivos de esta. Identificación no por lo que se recibe de la organización. Si lo que me identifica es lo que recibo de ella, esto significa que para mi trabajar en esa organización es eficaz. En el momento que encontrara otro lugar donde recibo más, me iría allí. Identificación tampoco por lo que aprendo. La identificación que genera unidad es por la utilidad real de lo que en esa organización se hace. Utilidad real para los consumidores y clientes de lo que ofrece mi organización. Identificación porque lo que se hace en esa organización da sentido a mi trabajo. Es útil. Y todo queremos que nuestro trabajo sea útil, más allá de que nos ganemos la vida con él y que aprendamos también.
Por tanto, una organización cuya finalidad sea simplemente ganar dinero, y el servicio que ofrece a sus clientes sea un mero instrumento para generar dinero, es una organización sin misión, y por tanto no puede generar unidad.
¿De qué depende que en una organización haya unidad? Pues depende de cuáles son los valores de la organización. De qué se valora en ese lugar. Y más en concreto de cómo se valoran a las personas. Y muchos más en concreto de cómo se me valora a mí. Si a mi se me valora, si importo, si soy importante, yo estaré dispuesto a hacer lo que haga falta por la organización. Si yo no importo, para qué esforzarme en una actividad que no es importante. Y yo calibro cuanto se me valora en una organización observando cuanto se valora a cualquier persona, porque yo podría ser cualquiera de esas otras personas.
Hay una segunda cosa necesaria para que haya unidad en la organización. Que las personas que trabajen allí encuentren que satisfacer necesidades de otros, de los clientes, es algo que les resulta importante. Un empleado que solo se preocupa de su sueldo y de lo que aprende, para ganar un mayor sueldo con ese aprendizaje, no es apto en una organización que quiera generar unidad. Seguiré con este tema la semana que viene. Hasta entonces.
Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.
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