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¿Cálculo o cooperación desinteresada?

con amigosCuando a uno le invitan a cenar a un domicilio particular es frecuente acudir con algún pequeño obsequio, unos bombones o caramelos para los niños. Lo que nunca se hace es pretender pagar a los anfitriones el coste de la cena. Sería ofensivo.

En las relaciones humanas hay muchas cosas que se hacen voluntariamente en atención a los demás. Cuando se pretende cuantificar económicamente esa atención desinteresada, se pierde el carácter voluntario de lo que se hace y se pierde el interés por los demás.

Ocurrió en un parvulario en Australia. Los padres hacían el esfuerzo de ir a recoger a los niños a las 5 de la tarde, la hora de salida. Si alguna vez, cosa que ocurría muy esporádicamente, unos padres se retrasaban, en el parvulario cuidaban del niño hasta que acudieran sus padres. Había colaboración por ambas partes. Un año en el parvulario decidieron imponer una penalización de no sé cuántos dólares cada vez que una familia se retrasase. Ocurrió lo contrario a lo que se pretendía, los padres con mayor frecuencia que antes acudieron tarde a recoger al niño, prefiriendo pagar la penalización.

Se habían cambiado las reglas del juego. Se paso de pensar en el interés de los demás a ver qué me interesa más a mí en cada momento, con el consiguiente deterioro de los objetivos.

¿Y qué tiene esto que ver con la empresa? pues muy sencillo. La buena marcha de una empresa requiere muchas veces la colaboración desinteresada de unos con otros. hoy por ti, mañana por mí. Es imposible regularlo todo. Al final las cosas funcionan si hay cooperación. Si pretendes sustituir esta cooperación propia de la naturaleza humana con un sistema de premios y castigos te cargarás la cooperación y cada uno pensará solo en lo suyo. El mal ambiente y la pérdida de eficacia está asegurada. He puesto el ejemplo de Australia, pero muchos de vosotros me habéis contado situaciones similares que se han dado en vuestras compañías.

  1. Anónimo
    agosto 21, 2014 en 9:43 am

    Buenos días Miguel Ángel,

    Entiendo que el post de esta semana alude a la diferencia entre el contrato social y el mercantil. Aunque cada vez más dentro de las empresas se alude al contrato social, al final siguen poniendo en marcha sistemas retributivos basados en contratos mercantiles ya que los mismos son más inmediatos y requieren menos esfuerzos. La base de los contratos mercantiles es la retribución dinerada a cambio del trabajo de las personas. El efecto de este tipo de incentivos es menos duradero en el tiempo y al final reduce la relación a aspectos puramente económicos. El contrato social es más vinculante, ya que apela a otro tipo de motivadores, mucho más permanentes. Dentro de este último concepto, y con el fin de borrar ciertas prácticas puestas en marcha durante la crisis, las empresas empiezan a trabajar aspectos como compromiso, marca interna, etc. El problema, es que para que los mismos tengan efectividad, es necesario que él que los pone en marcha tenga credibilidad, y esto es difícil, cuando se trata de las mismas personas que consideraron a los colaboradores como meros apuntes en la cuenta de resultados. Adicionalmente, el contrato social requiere bidireccionalidad, siendo necesario que la empresa (los directivos) prediquen con el ejemplo, y esto es más difícil, pues en muchos casos, implica prescindir de cierto tipo de beneficios a favor de los empleados. Un muy buen post, que da para una larga tertulia, con una base de valores morales.

    Un abrazo,

    • agosto 22, 2014 en 8:27 am

      Disculpa Miguel Ángel soy JMCámpora

    • agosto 22, 2014 en 3:40 pm

      Juan Manuel, evidentemente el contrato mercantil, laboral o como sea debe existir. pero fíjate que añado en el post que no todo se pude regular y definir en un contrato. Quedan muchas cosas a la buena o mala voluntad de la gente que tiene que hacerlas, y es allí donde la dirección de una empresa puede facilitar la cooperación, o que cada uno vaya a la suya, como el ejemplo de la guardería.
      Gracias y nos vemos en breve,
      Miguel Angel

  2. agosto 21, 2014 en 7:33 pm

    En mi experiencia he visto algo similar.

    Cuando a un cliente al que se le vende un producto se le ha dado un soporte post-venta (técnico y comercial) de cortesía, éste lo acoge de buen grado y agradece que se le ofrezca de forma gratuita.
    Sin embargo, si al cliente se le ha cobrado de antemano una cantidad adicional por el futuro soporte que podría requerirse para el producto, entonces ha abusado, exigido de más y a la postre se le ha dado un peor servicio que el que se le dio al otro cliente.

    Algo parecido a la paradoja que se relata en el artículo acerca de los padres y el colegio

    Buen post. Gracias por compartirlo.

    Saludos.

  3. Emili Masferrer
    agosto 25, 2014 en 2:37 pm

    Cuando “pagas” por retrasarte, entiendes que estás “compensando” el daño provocado por el retraso y te sientes ya legitimado para retrasarte cuantas veces estimes oportundo.

    Los incentivos económicos son muy potentes, a menudo demasiado, y nos pasamos de frenada.

    Gracias profesor!

  4. Anónimo
    agosto 27, 2014 en 3:24 pm

    inetresante reflexion y con mucho juego

    • agosto 27, 2014 en 4:00 pm

      Muchas gracias Anónimo.¿Quien eres? ¿cómo has llegado a este blog?
      Saludos y bienvenido,
      Miguel Angel

  1. agosto 22, 2014 en 12:19 pm
  2. agosto 28, 2014 en 7:00 am

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