Soledad

soledadEn una agradable conversación con unos amigos en estos días que dispongo de vacaciones salió el tema de cómo es que el desarrollo económico y tecnológico de las últimas décadas ha ido parejo con que la vida ahora es mucho más complicada. Al menos eso me parece a mi. Yo percibo, aunque es un juicio que podría estar equivocado, que la vida ahora es más difícil que, por ejemplo, cuando yo empezaba a situarme profesionalmente a principios de los años 80.

Uno de los conversantes adujo que la vida ahora es más difícil porque la gente está más sola. Y sola, no porque no esté rodeada de gente alrededor, sino porque muy en general las relaciones con los que nos rodean son muy superficiales. Añadía además que son muy superficiales por la falta de confianza de unos con otros. Si eres profesor de niños, ojo con lo que le haces a un niño con tus mejores intenciones para educarle, porque sus padres te pueden denunciar. Si te vas a casar posiblemente tengas la duda de si tu cónyuge te va a dejar al cabo de unos pocos años cuando ya no le compense estar contigo. Ojo con darle un merecido suave cachete a un hijo, que puedes ser acusado de malos tratos.

Hay demasiada desconfianza y así las relaciones entre las personas se deterioran. Cuando la situación llega a este punto prolifera una agobiante legislación en los países que acaba regulando todos los aspectos de las relaciones humanas.

Cuál es la solución todo esto. Pues recordar que las personas tenemos una capacidad afectiva. Una capacidad de querer y una necesidad de ser queridos. Pero para ser queridos, y este tema les gusta mucho a mis alumnos cuando lo introduzco en clase, uno tiene que ser querible. Y para ser querible uno tiene que ser capaz de perdonar ofensas que una persona nos pueda hacer. Uno tiene que ser capaz de sacrificarse por ese otro. Es el modo de demostrarle que le apreciamos.

Si no, todo son exigencias de derechos y cumplimientos de deberes, que sofocan la posibilidad de ayudar a los demás. La sensación de soledad se instala en cada uno. Y todo acaba deviniendo en cumplir una legislación cada vez más asfixiante que se nos entromete en nuestra vida. Esto es lo que pienso. Pero podría estar equivocado. Hasta el jueves que viene.

  1. julio 23, 2015 en 8:37 am

    Hola Miguel Ángel, gracias por tu post, que invita a reflexionar. Un abrazo y buenas vacaciones.

    • julio 23, 2015 en 10:39 am

      Muchas gracias José María, y felices vacaciones también para ti cuando las tengas.
      Miguel Angel

  2. Anónimo
    julio 23, 2015 en 9:06 am

    Gracias Miguel Ángel por seguir compartiendo con nosotros tus opiniones también durante tus vacaciones.
    saludos
    Pitusa

    • julio 23, 2015 en 10:40 am

      Gracias Pitusa, hace tiempo que no aparecías por el blog. Bienvenida otra vez,
      Miguel Angel

  3. Javier Aranda
    julio 23, 2015 en 9:30 am

    Buenos días Miguel Ángel, gracias por tu post, buenas y merecidas vacaciones.
    Un cordial saludo,

    • julio 23, 2015 en 10:41 am

      Muchas gracias Javier. Espero qiue sí, que hayan sido merecidas.
      Saludos,
      Miguel Angel

  4. julio 23, 2015 en 11:48 am

    Excelente.
    el hacer o dar por el otro hace que ganemos el cariño por el otro. Osea ser querible…

    Saludos

  5. Xabier Balda
    julio 23, 2015 en 11:12 pm

    La confianza se quiebra desde el punto en que la gente deja de ser ética.
    El interés propio se pone por encima de todo a costa de todo.
    Así es difícil confiar en otros, porque las jugarretas están a la orden del día.
    He conocido gente capaz de cualquier cosa por imponerse: calumniar, mentir, hacer mobbing, robar, boicotear… Gente que está permanentemente hablando de los demás.
    Trabajar con gente así es complicado porque trabajar sin ética se convierte en la ley de la selva.
    Por fortuna, también he trabajado con gente honesta, que se ha mejorado a sí misma y que por ello ha mejorado a la empresa. Gente abierta y generosa, que enseña lo que sabe. Gente que hace que los que están alrededor se vuelvan mejores.
    Con ésos, trabajar es un placer además de un auténtico privilegio.
    Trabajando así, uno nunca se encuentra solo.

    • julio 25, 2015 en 12:14 pm

      Gracias Xabier por lo que cuentas. Afortundamente estos últimos son más frecuentes que los primeros a los que te estás refiriendo.
      saludos,
      Miguel Angel

  6. Luz Stella Mantilla
    julio 25, 2015 en 3:27 pm

    Buenos días Miguel, estamos viviendo una soledad acompañada. Gracias por que esta semana me queda tu frase “para ser querido, uno tiene que ser querible”, no olvidar que no es recibir solamente, sino también el dar.

  7. julio 28, 2015 en 9:16 am

    Disfruto mucho de estas reflexiones. Hoy solo quería agradecerlo. Intentar ser querible y perdonar.

    • julio 28, 2015 en 10:58 am

      Pues muchas gracias chocoacom por tu agradecimiento
      Saludos, pero ¿Quien eres?
      Miguel Angel

  8. Blanca Alcira
    julio 29, 2015 en 3:46 am

    Cuanto nos ha costado aprender a perdonar, pero a medida que pasa el tiempo, vamos entendiendo que es la mejor opción para liberar nuestro corazón y dejar que afloren esos sentimientos que hacen que seamos queribles, y hacen que llevemos de mejor manera la soledad. Saludos desde Colombia

    • julio 29, 2015 en 10:23 am

      Muchas gracias Blanca por participar en el Blog. Saludos desde Barcelona,
      Miguel Angel

  1. agosto 13, 2015 en 4:04 pm

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