Informarse

Cuando tomamos decisiones ´lo hacemos con la información de que disponemos. Pero muchas veces intentamos buscar más información para asegurar más que no nos equivocamos. Un modo habitual que las empresas tienen de buscar información es a través de estudios de mercados. En estos casos hay que asegurarse de que el valor que aporta la información es superior a lo que nos cuesta. Sería estúpido pagar 10.000 euros por un informe que nos va a ahorrar 5.000. Esto parece una perogrullada, y lo es, pero muchas veces no nos paramos a pensar en ello.

También hay que tener en cuenta que en estos estudios de mercado una cosa es lo que la gente dice y otra lo que hace. Coca-Cola introdujo la pasada década una nueva fórmula la “New Coke” después de unos concienzudos estudios de mercado, que demostraban que a la gente le gustaba más este nuevo sabor. Al poco tiempo se encontraron que las ventas bajaron dráticamente, teniendo que reintroducir el anterior sabor con el nombre de “Coca-Cola Classic”. La gente quería el producto de siempre.

Hace pocos años se ha encontrado un nuevo modo de obtener información. Es el agregado de las opiniones de muchas gente. Es el llamado “Wisdom of crowds“. Se trata de agregar la opinión de grandes cantidades de gente sobre algo de lo que queremos tener información. Esto se ha podido experimentar actualmente, cuando las tecnologías lo han permitido a un coste muy barato. La idea es que aunque la gente no sean expertos conocedores del tema, los errores que cometen unos se cancelan con lo que cometen otros y al final queda el conocimiento agregado de la muchedumbre. Queda por investigar las condiciones bajo las cuales este procedimiento de obtener información es válido y en cuales no.

En el mensaje de la semana que viene expondré mis hipótesis, así como los resultados del experimento que propuse la semana pasada. Por cierto, en ningún caso estoy diciendo que la verdad se genere por mayoría ni mucho menos. Se trata de investigar en qué condiciones la opinión de la mayoría es fácil que coincida con la verdad y en qué casos no. Este enlace que me ha pasado un alumno, Albert Vidal, abunda en el tema.

  1. Paco
    noviembre 21, 2010 en 11:51 pm

    Hola Miguel Angel, me interesa sobremanera el primer tema que tratas sobre el coste de recabar información para tomar decisiones.
    Generalmente no hacemos un análisis coste-beneficio de la información que necesitamos y nos ponemos a recabar toda la información disponible, aunque eso no signifique que sea la información relevante que precisamos para tomar las mejores decisiones.
    El caso de los estudios de mercado es paradimático: no se analiza lo que nos puedan proporcionar, ni se cuantifica su valor. Lo peor es que en muchos casos no añade nada sino algo peor: genera ruido ya que oculta otra información más valiosa para tomar decisiones.

    Un abrazo,

    Paco

    • noviembre 22, 2010 en 9:38 am

      Pues si Paco, la incertidumbre nos molesta tanto que acaparamos toda la información posible sin pararnos muchas veces a pensar si esa información es relevante o no, y sin pensar si aporta más valor de lo que cuesta. Tener información nos da una sensación de seguridad, aunque muchas veces esta sensación es falsa.
      Saludos,
      Miguel Angel

  2. Eduardo Loma
    noviembre 24, 2010 en 10:41 pm

    Totalmente cierto!!. Pocas veces nos paramos a pensar en si la información que recabamos es útil o no. Esa información “inútil” igualmente la acumulamos “por si acaso”…
    Muy a menudo por un simple hecho de tener más y más información para creer que tenemos razón o menos incertidumbre, recabamos todo tipo de información. Al final se acaba con tanta documentación, papeles, e-mails etc, que al final se llega a no saber porque se recababa información.
    En mi opinión antes de ponerse a buscar información como un loco, no cuesta nada pensar primero porque lo haces, segundo donde buscar y tercero como buscar.
    Saludos,
    Eduardo Loma

    • noviembre 25, 2010 en 10:58 am

      Eduardo, dices una cosas muy interesante: pararse a pensar. Eso lo deberíamos hacer continuamente, pero pensar es muy costoso y por eso preferimos hacer. Así tenemos una mayor sensación de eficacia. Pero es mucho más eficaz pensar. Al final acabamos abarrotados de emails y depapeles “supuestamente” útiles.

      gracias,
      Miguel Angel

  1. noviembre 25, 2010 en 9:03 am
  2. agosto 4, 2011 en 7:02 am
  3. noviembre 12, 2011 en 11:33 am
  4. abril 12, 2012 en 7:01 am
  5. noviembre 22, 2012 en 9:06 am

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