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Hablaba hace unas semanas de que había tres tipos de riesgos a los que se enfrentan las empresas y particulares: los riesgos evitables, los estratégicos y los externos. Voy a centrarme esta semana en los riesgos evitables. Son los riesgos en los que se incurre por hacer las cosas mal. Hacer las cosas mal deliberadamente o por imprevisión.

En el año 2010 British Petroleum (BP) provocó un vertido de más de cuatro millones de barriles de petróleo en el golfo de Méjico en un accidente en el que murieron 11 trabajadores y que causó un daño medioambiental de gigantescas dimensiones.  El asunto supuso para BP todo tipo de sanciones además de unas indemnizaciones a los distintos afectados de varios billones de dólares.

¿Se pudo haber evitado el accidente? Pues sí. Días antes del percance aparecían bolsas de gas en lugares dónde no debían aparecer. Diversas junturas de los pozos estaban selladas defectuosamente. Había indicadores que alertaban de que las cosas no iban todo lo bien que debían. Y la compañía no hizo nada. ¿Por qué? pues habrá muchas razones, pero un hecho es que el alquiler de la plataforma petrolífera costaba medio millón de dólares cada día, y la perforación de los pozos llevaba ya cuarenta y tres días de retraso. Había que ir a toda velocidad. A tan velocidad fueron que no prestaron atención a los múltiples indicios de problemas. Lo mismo que pasó en el accidente del Titanic.

¿Cómo se pueden evitar este tipo de riesgos? Primero hay que decir que nunca se podrán evitar todos los riesgos por muy evitables que estos sean. Pero sí que se pueden dar unas pautas para intentar minimizarlos. Primero establecer indicadores críticos de riesgos. Esto significa tener identificadas las cosas que pueden ir mal en un proyecto y tener unos indicadores que levantan la voz de alarma cuando estos riesgos se pueden materializar. Alguien dirá que no todo se puede prever. Cierto, pero ahora estamos tratando precisamente de esos riesgos que si son evitables si se hicieran las cosas bien.

Segundo, establecer y comunicar de modo muy clara unas fronteras que no se pueden traspasar. Es lo que ahora se están llamando líneas rojas. Son acciones que bajo ningún concepto son admisibles. Y no lo son porque ponen en riesgo a la compañía. Van desde criterios de seguridad en el trabajo hasta actuaciones que vulneran derechos de terceros. Se puede hacer de todo, pero hay líneas rojas que no se pueden traspasar.

Piensa en tu compañía qué medidas de este tipo se deben tomar para evitar riesgos que sean evitables. Te ahorrarás desagradables sorpresas. Hasta el jueves que viene.

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Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.

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